Por: Daniel García-Peña

Más media que votos

LOS COLOMBIANOS NOS HABÍAMOS acostumbrado a acostarnos la noche de las elecciones con resultados bastante consolidados (aunque luego cambiaran en los escrutinios y estrados judiciales). Desde el pasado domingo, nos sentimos viviendo en un lugar electoralmente del tercer mundo, como la Florida.

Pero pese a la total ausencia de datos confiables por el colapso de la Registraduría, desde las primeras trasmisiones, ya los medios estaban dando el veredicto: la U y los conservadores, los grandes ganadores; el PIN, la sorpresa mala y los verdes, la sorpresa buena; y el Polo, el gran derrotado. Hasta los más serios politólogos empezaron a hacer sus análisis a partir de ese escrutinio mediático.

Sin embargo, los datos muestran una realidad muy diferente.

No hay tal “avance” de la U. En el Senado actual, tras la entrada de los tránsfugas en 2009, tiene 30, y eligió27, es decir perdió 3. El Partido Conservador pasó de 22 a 23, lo cual sí es un incremento, pero no el triunfo arrollador que anunciaban los titulares, sin mencionar la pelea a muerte entre Noemí y Uribito que puede significar más bien la división.

El PIN hay que mirarlo con lupa, y preferiblemente también con tapabocas. Se presentó como el nuevo partido uribista, pero sólo tiene razón en lo de uribista, ya que nuevo no es. Es la suma de tres partidos (Convergencia Ciudadana, Colombia Democrática y Colombia Viva) que en 2006 juntos eligieron 12 senadores y que el pasado domingo, rebautizada como PIN, bajó a 8.

El caso más dramático de desinformación electoral fue el Polo, que se calificó como desplome, debacle y derrumbe.

Es cierto que bajar de 11 a 8 senadores no es bueno, especialmente para un partido joven. Pero ese resultado no es cosa de poca monta, en medio de montajes mediáticos en vísperas de elecciones con videos que dejan en claro que el DAS continúa haciéndole seguimiento a la oposición y con un Presidente atento a la “intromisión venezolana”, pero haciéndose el de la vista gorda con la del narcotráfico y el paramilitarismo, ni siquiera desautorizando el uso descarado de su nombre por el PIN.

Los resultados no sólo se miden en números. La alta votación de Jorge Robledo es un triunfo del voto de opinión sobre las maquinarias. La llegada de caras nuevas, como Camilo Romero, Mauricio Ospina e Iván Cepeda, sumada a la derrota de figuras emblemáticas, es un claro mensaje del electorado a favor de la renovación del Polo. La renuncia de Jaime Dussán como presidente del partido, asumiendo su responsabilidad correspondiente y saludando el relevo, fue una decisión noble y oportuna.

No se trata de negar los problemas, ni minimizar el inmenso daño que han significado los muchísimos errores cometidos por el Polo, que deben ser objeto de una profunda reflexión y autocrítica. Pero una cosa es retroceder en una coyuntura altamente adversa y otra muy distinta, el desmoronamiento.

Quizás, en lo único en lo cual los medios no fallaron fue en resaltar el éxito del Partido Verde. Su campaña fresca y novedosa entre coequiperos y no enemigos, es una lección para todos y sus excelentes resultados, una buena noticia para la democracia.

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