La Lizama: la esperanza revive tras el derrame de crudo de 2018

hace 4 horas
Por: Santiago Montenegro

Más paz que violencia

Ya lo habían planteado los historiadores profesionales, pero cambiar los mitos impregnados en el ideario popular es muy difícil, cuando no imposible. Y en ese ideario popular prevalece la idea de que la historia de Colombia es la historia de una guerra civil, prácticamente constante desde los albores de la república hasta nuestros días. Y no solo en el ideario popular y de analistas, presidentes, políticos, periodistas y presbíteros colombianos, sino también de extranjeros, como el presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien en sus palabras de homenaje al presidente Duque, en el Palacio de La Moneda, la semana pasada, habló también de la larga historia de la violencia en Colombia.

Ahora un nuevo libro, Paz en la república. Colombia, siglo XIX”, editado por Margarita Garrido, Carlos Camacho y Daniel Gutiérrez, una vez más, desvirtúa esa idea de que nuestra historia es solo una historia de violencia. Entre otras conclusiones, este libro argumenta que, desde 1832 hasta 1946, Colombia tuvo 100 años de paz y 14 años de guerra civil y que los indultos, y no tanto las negociaciones, fueron un mecanismo de desmovilización en el siglo XIX. Comentando este libro, Eduardo Posada Carbó, en su columna del pasado viernes en El Tiempo, argumenta que estas cifras son bajas, no solo en Colombia, sino también cuando se las compara con las de otros países, como Argentina o Venezuela.

Ya en los años 90, Fernando Gaitán Daza había planteado que Colombia no había sido un país tan violento como muchos decían y, además, había argumentado también que la violencia no tenía relación con la pobreza o con la distribución del ingreso. Por su parte, Malcolm Deas había comenzado uno de sus libros de ensayos con la frase: “Colombia ha sido, a veces, un país violento”, y quién dijo miedo. Llovieron sobre ellos y sobre quienes han acudido a los hechos, sustentados en datos y en comparaciones internacionales, toda clase de epítetos y ataques.

Mientras estos trabajos son análisis longitudinales en el tiempo, el libro de Álvaro Tirado Mejía sobre los años 60, a su manera, también desvirtúa esta idea haciendo un magistral corte transversal de Colombia en la misma década en que se fundaron las Farc y el Eln y en los años del activismo guerrillero y la muerte del cura Camilo Torres. Álvaro Tirado muestra que los jóvenes colombianos estaban interesados en muchas más cosas diferentes a los fusiles y a la confrontación. Como en todos los países de América Latina, fueron años de migración del campo, de crecimiento exponencial de las ciudades y, entre nosotros, de fenómenos como el movimiento nadaísta y el rock and roll que llegó a través de artistas mexicanos, de la canción protesta, de los festivales de rock como el Ancón de Medellín, de las comunas de hippies en la calle 60 de Bogotá y en otras ciudades. Fue la década de la expansión de la matrícula universitaria, de la liberación sexual y del uso de la píldora anticonceptiva, pero también de nuevos museos de arte, de grupos de teatro, de revistas literarias en varias ciudades y de las emisoras de radio dedicadas solo a la música, hasta en mi ciudad, San Juan de Pasto, entre muchos otros fenómenos y realidades nuevas.

Sin hacerme muchas ilusiones, espero que estos libros contribuyan a una perspectiva más balanceada de nuestra historia.

 

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