Por: Juan Carlos Gómez

Más plata, más plomo…

En la plaza Puerta del Sol, en Madrid, una valla inmensa –casi del tamaño de medio campo de fútbol– publicita a todo color la próxima temporada de la exitosísima serie Narcos, de Netflix: “Más plata. Más plomo. Más hijueputas”. Más allá de la procacidad, es una triste y demoledora síntesis de nuestro pasado reciente, que no acabamos de decantar. De esa “publicidad negativa” seguramente no se habrá enterado el alcalde de Medellín, quien –como lo escribió bien Pascual Gaviria en su última columna– vanamente y de manera provinciana se queja de la estigmatización de su ciudad.

Los funcionarios responsables del futuro de las telecomunicaciones y de la televisión en Colombia, tampoco parecen enterarse de lo que pasa en el mundo. Mientras que en los países civilizados se estudian y diseñan los cambios normativos para reaccionar frente al nuevo ADN de la convergencia audiovisual, aquí se les ocurre un proyecto de ley que nada tiene que ver con la realidad de la aldea global.

Hace unos años, irresponsablemente este gobierno prohijó una ley –la 1507 de 2012– que no hizo más que posponer los cambios sustantivos e institucionales necesarios para revitalizar la industria audiovisual que en Colombia, además de Netflix y otras formas de competencia, tiene que enfrentar la torpeza y voracidad del Estado colombiano.

El proyecto de ley del Gobierno sobre televisión, publicado la semana pasada, no hace ningún bien. Propone un maquillaje burocrático sin ninguna política pública de fondo. Se crearía una nueva entidad –la Comisión de Comunicaciones–, lo cual implicaría inocular la macrocefalia en un sector que vive el momento más decisivo de su historia. Carente de toda técnica legislativa, el proyecto ni siquiera deroga el rosario de normas existentes. Simplemente, el nuevo cartapacio se sumaría al caótico amasijo legislativo ahora vigente. Como si fuera poco, el Gobierno solicita facultades extraordinarias para legislar. ¿Faltaba más?

Esperemos que el Congreso de la República no le marche a este proyecto inútil, ineficaz e inoportuno. Aunque, recordemos, eso creímos cuando la última Ley del Plan que modificó la legislación de televisión y, finalmente, hasta la Corte Constitucional bendijo el despropósito; una decisión que todos lamentan hoy, incluidos sus beneficiarios. @jcgomez_j

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Carlos Gómez

Los milagros económicos no existen

El gabinete en la sombra

La triste historia de los ductos

El estatuto de la oposición contra los medios

La fusión AT&T-Time Warner: causa finita