Por: José Manuel Restrepo

Más que Colombia repunta

Como ya es evidente para consumidores y productores, el arranque económico del año es débil y preocupante. Las cifras de consumo, industria, empleo y ahora PIB dejan ver que la desaceleración no se ha frenado y que posiblemente el 2017 será incluso peor que el ya mediocre 2016 en materia económica. Y es preocupante porque lo que se pensaba pudiese ser un resultado de los dos primeros meses del año sigue afectando a los siguientes, y el pesimismo viene en aumento, situación que complica aún más la velocidad de la salida. En ese estado, se ha querido presionar al banco central a bajar tasas de interés con mayor velocidad, con respuesta muy rápida de la entidad en dicha dirección. Otros han insistido en acelerar la acción del Plan Colombia Repunta, que no era mucho más que una agregación de todo lo que proponía en gasto e inversión el propio presupuesto nacional con algunas medidas adicionales.

Sin embargo, debemos ser absolutamente sinceros. Tal como lo reconoce el propio gerente del Banco de la República, no es suficiente con bajar tasas de interés, y tampoco lo es el Plan Colombia Repunta. Los resultados del PIB del primer trimestre dejan ver, no sólo que es el peor resultado en ocho años, sino que, salvo el sector agrícola y de servicios financieros, el resto están duramente golpeados. Aún el propio sector de construcción de obras civiles (seguramente por el coletazo de Odebrecht) tiene un crecimiento bien mediocre para el que se esperaba desde el año anterior.

Lo alarmante del asunto es que el sector del agro viene creciendo rápidamente en el primer trimestre, por cuanto el año pasado en este mismo período fue duramente golpeado por el fenómeno de El Niño (asunto que explica una base muy baja y con ello muy fácil para mostrar un crecimiento alto en este año), pero muy seguramente esto cederá a lo largo del segundo semestre y no será capaz de jalar el crecimiento general de la economía. Algo parecido pasa con la industria, donde ya se borra el efecto Reficar, y aún está pendiente el despegue en forma de la construcción.

En este escenario es bueno leer el informe del McKinsey Global Institute bajo el título Where Will Latin America’s Growth Come From?, publicado en abril de este año y que pone de presente un conjunto de acciones para no volver de nuevo en nuestra región al mediocre crecimiento y década perdida de los ochenta en los años que vienen. El estudio demuestra que nuestro bono demográfico está casi agotado y que frente al fin del boom de las commodities y la reaparición del proteccionismo en países desarrollados, tenemos al menos cuatro imperativos. De un lado, revisar las cadenas de valor productivo en sectores claves de la economía para encontrar fuentes de mayor productividad; adoptar en forma la revolución digital en la economía y preparar el talento lo más pronto posible para crecer con ella; lograr un verdadero vínculo entre la empresa, la academia y el sector público para una educación genuinamente relevante, y seguir acompañando y cuidando el crecimiento de la clase media, para evitar que esa nueva clase emergente se devuelva a la pobreza relativa, a través de un modelo más inclusivo en servicios de educación, salud y vivienda de calidad.

Como asuntos transversales, el estudio insiste sabiamente en reglas laborales más flexibles (y no volver al pasado, como pretendemos ahora), aligerar tanto procedimiento y burocracia en proyectos sostenibles de infraestructura y minería, ejecutar estrategias contra la informalidad, y revisar la baja competitividad de nuestro sistema tributario a través de acciones efectivas contra la evasión.

La conclusión final es que la productividad se eleva cuando somos conscientes de que ya no podemos estar en “mentalidad de abundancia”, a la que nos acostumbramos en la última década, sino en “mentalidad de escasez”, en la que no cabe el derroche fiscal, por ejemplo, y por el contrario se vuelve relevante la eficiencia en el gasto y la inversión pública en función de los resultados esperados.

Con estos caminos recorridos se estima que el PIB podría volver a crecer entre el 5 y el 10 % y su impacto sería mucho más que coyuntural.

[email protected] / @jrestrp

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