Por: Beatriz Vanegas Athías

Matar a Eva

Los machos colombianos en su mayoría criados con preceptos del catolicismo cristiano acostumbran a matar a Eva que es la pecadora, la transgresora, la que con su poder de prodigar placer puede tenerlos en sus manos. Y por eso temen a quien pueda manejarlos o controlarlos, no se mata en cambio a María virgen, madre e inmaculada, es decir, a la madre abnegada, a la cucha que los espera, a la jefa que siempre guarda la comida caliente y sale al frente de ellos así ya estén pisando los cuarenta. Porque ella los protege y encarna la pureza que supuestamente Eva no tiene… ya lo dijo mejor la poeta argentina Alfonsina Storni: Tú me quieres alba, /Me quieres de espumas, /Me quieres de nácar. /Que sea azucena/Sobre todas, casta. /De perfume tenue. /Corola cerrada.

Y en Santander, en Bucaramanga, la “ciudad bobita” como la recrea mi amiga Nora Lucía Pinilla, sí que es vigente esta dicotomía. No es sino revisar que en este 2019 ya son catorce mujeres, compañeras, esposas, parejas (evas) asesinadas por sus mal llamados compañeros. Las más recientes, Sandra Lorena Durán fue asesinada a manos de su pareja sentimental en el municipio de Cimitarra, Santander a finales de marzo, el agresor, Horacio de Jesús Betancur le propinó (qué otro verbo uso: dio, asestó, descargó) siete heridas con arma blanca mientras” departían en un famoso bar del municipio”, dice la noticia con sus frases clichés que perversamente naturalizan el crimen.

Con un disparo en la cabeza y tendido bajo un árbol fue encontrado el cuerpo de una mujer, cuya identidad se desconoce, en la vereda Guayabito de Rionegro, Santander, dice Caracol Bucaramanga. Y el lunes seis de mayo, Yurley Silva, de veintisiete años y con una niña de ocho fue asesinada en Los Santos por el recolector de piñas Mauricio Chaparro Rodríguez con quien sostenía una relación. El asesino trabajaba con el padre de Yurley y era bien querido por la madre de ella, al punto de que minutos antes de invitarla a la vereda El Carrizal en donde la mató asestando innumerables golpes en la cabeza, había sido invitado a comer un caldo de carne con arepa. Luego de asesinarla tomó un herbicida para morir él también. Esta salida del suicidio es una constante en los feminicidas que se aferran a este acto para expiar la culpa en caso de sobrevivir y casi siempre sobreviven. Entonces sobrevienen los diagnósticos psiquiátricos que los rotulan con cualquiera de la infinidad de trastornos del comportamiento.

Catorce madres ayer estaban huérfanas de sus hijas. Blanca Lucía Celis, la madre de Yurley Silva Celis pasó el día de ayer con su nieta y con sus padres. No encuentra respuestas para lo sucedido porque tampoco nunca se ha preguntado por qué ocurren estas cosas a ellas que se han pasado la vida tratando de atender a sus hombres.

CODA 1: En Bucaramanga, la ciudad que parió a Ángela Hernández y al exprocurador Alejandro Ordóñez ocurrió el primer feminicidio del país en 2019. Se trata de Audelith Ávila Martínez de 29 años de edad, quien tenía cuatro hijos luego de una relación de 12 años con con el hombre que la asesinó.

CODA 2: Tenga presente estos teléfonos: * Atención a la mujer: 155 (orientación 24 horas);* Emergencias: 123 de la Policía Nacional;* Medicina Legal: 6302609, 6521120, 6304617 de Medicina Legal; * Fiscalía: 6522222; * Comisaría de Familia: 6337000 EXT 119-120.

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