Por: Felipe Zuleta Lleras

Matar a los corruptos

Se callaron las armas de las Farc para dejar oír el estruendo ruidoso y hediondo que dejan las explosiones de la corrupción.

Todos sabíamos que la corrupción estaba ahí, por todas partes y en todos los niveles, o casi todos, paseándose silenciosamente como una víbora presta a atacar a su víctima, con su lengua bífida y venenosa.

Pero claro, andábamos ocupados y preocupados en el tema de la guerra entre las Farc y el Estado colombiano con más de seis millones de víctimas y cientos de miles de habitantes asesinados.

Desmovilizados y desarmados los miembros de las Farc, y a punto de convertirse en partido político, con todas las críticas que podamos tener sobre el proceso y los acuerdos, los colombianos nos vamos enterando a cuentagotas de qué tan lejos la corrupción ha permeado todas las instancias del país. El ejecutivo, el legislativo y la rama jurisdiccional, con ayuda del sector privado.

Qué vergüenza, pero sobre todo qué rabia que usted y yo trabajemos como mulas para sobrevivir y, simultáneamente, paguemos altísimos impuestos y cargas contributivas para que esos recursos acaben en las manos de esos repugnantes, roñosos, y vomitivos corruptos.

Ya no sé sabe cuánto se roban, pues la Contraloría habla de 20 billones, la Fiscalía de otras sumas exorbitantes y así.

Mientras tanto, vemos que están involucrados ministros y exministros por casos como el de Reficar, congresistas, magistrados de la Corte Suprema y de tribunales, jueces, gobernadores, funcionarios, etcétera.

Como colombiano siento una inmensa repugnancia, pero sobre todo una gran decepción, pues pienso, como millones de ustedes, que en el país lo único que paga es el crimen. Robar harto para negociar, irse un par de años a la cárcel y salir millonario.

Asesinar, hacer masacres, negociar y salir a recibir subsidios del gobierno, además de convertirse en un partido político. (Y aclaro que no me opongo al proceso de paz per se).

Al exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons, que se robó miles de millones, lo negocian por cinco años en prisión, mientras a un pobre hombre que se robó unas chocolatinas le clavaron seis años de cárcel.

Los altos magistrados de la Corte Suprema reciben coimas por emitir sentencias y no les va a pasar nada, como no le pasará, y lo advertimos en su momento, al exmagistrado Jorge Pretelt de la Corte Constitucional.

Los de Reficar, todos tan encumbrados y de tan distinguidas familias, seguramente serán beneficiados en todo lo que pidan. Los de Odebrecht, no todos, podrán irse para sus casas a pagar sus condenas.

Qué jartera tener que escribir sobre estos temas, que opacan tantas cosas buenas que pasan en Colombia y sobre las cuales deberíamos estar opinando. Pero claro, la gente mala es la que marca la agenda de los medios y de quienes tenemos el oficio de informar.

Sé que lo que diré me ocasionará problemas, pero yo colgaría de las huevas en la plaza de Bolívar a los corruptos. Sí, y que los mate el Estado por corruptos.

 

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