Por: Ernesto Yamhure

Mate al secretariado

LA HISTORIA PARECE SACADA DE una novela de Frederick Forsyth. Ni los más afines creyeron que las FF.MM. tuvieran la capacidad de llevar a cabo una operación de semejante calibre, sin disparar un solo tiro.

Pero los más sorprendidos deben ser los propios guerrilleros. El secretariado, ente sagrado para ellos, no sólo fue infiltrado sino burlado, y gracias a ello podemos deducir que se encuentra absolutamente desmantelado.

Desde hace muchos años se ha consolidado el paradigma del secretariado. Quienes buscaban un acercamiento tendiente a entablar un proceso de paz, debían hacerlo a través de ese grupo de siete bandidos.

El mito se mantuvo hasta el punto de que los críticos de la Seguridad Democrática consideraban, hasta marzo de este año, que los cimientos de las Farc permanecían intactos por cuanto no se había podido capturar o dar de baja a ningún miembro de la cúpula. Con socarronería les restaban importancia a las miles de bajas, deserciones y desmovilizaciones individuales que en estos casi siete años han sufrido los terroristas.

Pero este año todo comenzó a cambiar. La magistral baja de Raúl Reyes y el asesinato de Iván Ríos a manos de su escolta le demostraron al mundo que los miembros del secretariado no sólo se morían de viejos. Hasta el propio Tirofijo, que siempre creyó que acabaría su infeliz existencia plácidamente como sus “camaradas” Jacobo Arenas y Efraín Guzmán, terminó su paso por la tierra correteado por las operaciones del Ejército.

Ahora bien, ese secretariado implementó un modelo de obediencia ciega. Cuando Jojoy amanece con su vientre revuelto y ordena la ejecución de civiles, quien se atreva a contradecir o incumplir su hepático capricho, es fusilado in limine.

Viene entonces el operativo de esta semana. El Gobierno se disfraza y haciéndose pasar por Alfonso Cano le ordena a César el movimiento de los 15 secuestrados y éste, que era el comandante del frente primero que a su vez forma parte del denominado bloque oriental al mando del mono Jojoy, no confirmó la orden con su jefe, lo que demuestra no sólo el altísimo grado de incomunicación de los miembros del secretariado, sino en el interior de los bloques cuyos comandantes ni siquiera tienen conocimiento de lo que está ocurriendo en sus frentes.

La primera muestra que tuvimos sobre la descoordinación del secretariado surgió con Emmanuel. Entonces, las Farc le hicieron conejo a Hugo Chávez. Ninguno de ellos sabía dónde estaba el niño, pero metieron el cañazo dando a entender que todo estaba en orden, hasta que el presidente Uribe les tumbó la historia.

Las Farc, tal y como las conocimos, hace mucho tiempo dejaron de existir. Lo que queda de ellas es un nombre, una patente al servicio del terror cuya cohesión es una fantasía en la que algunos quieren seguir creyendo y por eso no está de más plantear el debate sobre la manera de encarar una realidad que muy pocos han querido reconocer y es que el proceso de paz con esa organización ya está en marcha.

Desde agosto de 2002 se han desmovilizado 11.560 guerrilleros que entregaron sus fusiles y se han reintegrado a la sociedad. Ese es un logro demoledor en materia de paz sin que haya sido necesario ni despejar ni mucho menos hacerle reverencias a ese secretariado de marras ante el que muchos se han hincado sin éxito alguno.

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Debemos sentirnos orgullosos de nuestra cúpula de las Fuerzas Militares. Los generales Padilla, Montoya, el almirante Barrera y el general Ballesteros son unos héroes que han sabido conducir a nuestras tropas con inteligencia, pero sobre todo, con transparencia. Nos han demostrado que los colombianos sí podemos ponerle fin a esa pesadilla del terrorismo. Aplausos, pero sobre todo admiración y gratitud hacia esos oficiales.

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