Por: D. Buenavida

Matiz II

Este restaurante me impresionó favorablemente hace dos años. Pero todo cambia en este mundo, y los restaurantes en Bogotá no son la excepción.

En Matiz cambiaron un chef peruano por otro chef peruano, cambió el menú y cambió mi apreciación, muy personal, de cómo se come en Matiz. El menú, influido por la cocina peruana, es refinado, muy atractivo y de elaborada culinaria, se me hace la boca agua al leerlo. La atención es inigualable. El chef Diego Vega es muy amable y con ganas de ofrecer su buen producto. Hay un menú de temporada: soufflé de salmón sobre gazpacho andaluz y un lomo de mero.


La carta está compuesta por siete entradas frías: trucha ahumada, muelas de cangrejo, tiraditos de corvina, gravlax de salmón y siete entradas calientes de las que sobresale, por su descripción, una crema de hongos con tataki de atún. Carta de mariscos dentro de la cual está la cazuela de frutos del mar con leche de coco y risotto de jaiba sobre vieiras del Pacífico. En la carta de carnes y aves sobresale el de costillas de cordero de Nueva Zelanda, herencia del chef anterior. Una comida completa, sin vino, cuesta alrededor de $90.000 por persona.


Empezamos con ‘Gamberi’: un langostino grande sobre ñoquis de ricota y espinacas con salsa de vino blanco, nuez moscada y perejil. Fue el plato estrella del día. El langostino sápido, fresco y cocido a su punto, los ñoquis y la salsa delicados y deliciosos. Un plato para aclamar. Escogimos ‘Rollos de Varadero’. Consiste en rollos de masa de harina de trigo rellenos de carne desmechada, cocidos al horno y acompañados de guacamole y salsa de rocoto. Es un plato sin mayor atractivo culinario. Lo considero una mala escogencia. De plato fuerte escogimos ‘Lanzerote’. Es lomo de res con salsa béarnaise, acompañado de tortilla española sobre hongos al vino. Calificación gustativa aceptable sin mayores elogios.


Pedimos un lomo de mero con costra de pecana, con semilla de cilantro acompañado con ragú de lenteja, berenjenas y tomate. El pescado insípido, sin duda había sido congelado y perdido sus aromas, como ocurre con un pescado tan delicado como el mero. No valió la recomendación del chef sobre la frescura del mero. De postre escogimos ‘Epifanía’. Crema chantilly al Grand Marnier con naranja en miel de menta. Es una acertada composición que resulta en un delicado y delicioso postre.


Creo que no fuimos afortunados en la escogencia de los platos de un menú tan llamativo. Estoy dispuesto a un nuevo intento.


Calle 95 Nº 11A-17. Tel. 520 2003. [email protected]

 

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