Por: Iván Mejía Álvarez

Matones

El aficionado al fútbol paga por ver a Xavi o a Iniesta, nunca pagaría un peso para ver a De Jong o Van Bommel.

El hincha del buen fútbol deja su dinero por ver en acción a Cristiano Ronaldo o a Mesut Özil, nunca gastaría un céntimo en ver a cualquier defensor darles guadaña sin miramiento alguno al crack portugués y al emergente astro alemán. Un admirador del juego llamado fútbol tiene que estar sobrecogido por ver a un bárbaro criminal como Tomas Ufjalusi lesionar sin pena alguna, con torva y perversa intención, a Lionel Messi.

Pero, así va el fútbol de hoy donde en el nombre de la táctica, de la preparación física, de lo que algunos llaman y defienden como el fútbol del cuerpo a cuerpo, algunos bárbaros se han desatado a pegar sin contemplación, sin respeto por el que sabe jugar, por el que tiene en la estética, el arte y la categoría, la manera de acceder al éxito.

El mal ejemplo del señor Howard, el árbitro inglés que consintió la cacería de los holandeses contra los talentosos españoles en la final del Soccer City, sigue cundiendo. Tipos alejados de la posibilidad de triunfar con argumentos técnicos, individuos que han hecho del golpe y la patada artera, salen indemnes de la cancha después de coser a patadas a sus rivales.

Es lamentable ver cómo le pegan a Cristiano Ronaldo. Sí, que el tipo hace caritas de angustia y de dolor, que el lusitano a veces finge buscando sacar provecho de los golpes que le dan, pero cómo le pegan, cómo le dan, cómo lo zurran. Por eso, Mourinho se quejaba de los arbitrajes que permiten a los incapaces darle todo tipo de golpes al que sabe jugar. Y resulta triste para el fútbol, para los que conciben este juego como un espectáculo donde se asiste para admirar a los que saben, a los que construyen, a los que deleitan, tener que presenciar una cacería cobarde como la que hizo el desalmado Ufjalusi con Messi el domingo en el Vicente Calderón. Un patadón a mansalva y sobre seguro, con plena intención de lesionar, terminó con el mejor jugador del mundo en la clínica y fuera de las canchas por tres semanas.

Claro, todo parte de algunos preconceptos que se admiten como validos y que deben ser evacuados del lenguaje futbolero. Eso de decir que a Messi o a Cristiano, el crack del momento, hay que “pararlo como sea”, no es más que una invitación para que todo aquel propietario de hacha y martillo salga del anonimato con la plena cooperación del arbitraje indolente y pasivo, acá y allá, que permite el éxito de los caníbales de la pelota.

Los árbitros tienen que salvar el espectáculo, proteger a los que juegan bien, a los que llevan la gente a los torniquetes. Porque de eso estamos absolutamente seguros, el publico paga por ver a Cristiano, Özil, Xavi, Iniesta o Messi, nunca paga por ver a cualquier Ufjalusi de esos que abundan por ahí cuchillo en mano.

 

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