Por: Valentina Coccia

Mayo francés

Cuando hice mi maestría en Historia en la Universidad de los Andes, me encontré con un querido historiador cuyo principal tema de estudio era la materia del tiempo. ¿De qué manera los historiadores concebimos el tiempo? ¿Cómo es que ciertos cambios requieren de un extenso proceso y otros ocurren de la noche a la mañana, como si una aurora repentina disipara la oscuridad? Dicho historiador ponía un ejemplo afortunado. En uno de sus libros se atrevió a decir que el atentado de las Torres Gemelas no fue un acontecimiento que detonara un cambio de marcha en nuestra forma de concebir el mundo, mientras que la revolución de mayo de 1968 sí fue un acontecimiento transversal. Para este historiador una huelga ciudadana transformó por completo nuestra forma de concebirnos, y  en menos de un mes hizo que nuestra sociedad occidental, demasiado acartonada y pesimista, se transformara en una sociedad abierta al cambio.

Aunque me parece que decir que el atentado de 2001 no detonó cambios importantes es demasiado apresurado, sí encontré una consonancia especial con aquello que este historiador dijo sobre la revolución del 68. Pronto comencé a sentir un afecto muy especial por esos jóvenes del pasado, que invadiendo con su “inapropiado” comportamiento las edificaciones públicas y las calles de esa París desvencijada por la guerra, lograron transformar la mentalidad de nuestro mundo occidental, sembrando la semilla de una sociedad más inclusiva, pacífica y diversa.

¿Qué nos enseñó esa multitud de jóvenes? ¿Qué legado nos dejó con el transcurso de los años? Para ustedes he recogido algunos recuerdos, que espero que iluminen sus corazones en el más profundo agradecimiento.

Una nueva revolución

Pocas han sido las revoluciones que no contemplaron la toma de armas. Cuando se hizo la Revolución Francesa París se convirtió en un campo de guerra lleno de barricadas que protegían a los combatientes. La Revolución Rusa también tomó armas de forma sangrienta, haciendo de las ciudades un campo minado de peligros y temor. Otros, como nuestro bien amado Martin Luther King o el famoso Gandhi, con su aura de santidad, optaron por la resistencia pacífica, empuñando las armas de la paz para vencer a sus rivales; pero los jóvenes que se apoderaron de las calles de París en 1968 hicieron una gran revolución cambiando su comportamiento.

En muy poco tiempo el hall de la Ópera de París, el Palais Royal y los corredores del Museo del Louvre (eminencias de la cultura francesa en el mundo) fueron invadidos por jóvenes que con su música, con su forma de concebir la sexualidad, con la manera con la cual se relacionaron con las minorías, deconstruyeron todo aquello que era oficial y desde los rincones de los edificios de París mandaron un mensaje que estuvo en consonancia con el mundo entero.

La invención de la juventud

Hasta mayo de 1968 la clase obrera había dirigido las revoluciones modernas, encaminando nuestra sociedad occidental hacia algunos de los cambios pertinentes. Sin embargo, en ese mayo francés se consolidó un nuevo grupo que se distinguió de los demás: los jóvenes se definieron como un grupo con ideales y pensamiento propio, muy distinto de la juventud de las generaciones anteriores.

Esta afirmación puede parecer inconsistente, pues muchos pensarán que “juventud” siempre ha habido. Sí, tal vez cronológicamente nuestros rostros se han visto más rozagantes en otros momentos y nuestra experiencia en ciertos campos de la vida no ha sido siempre la misma que hoy tenemos. Pero si observamos una fotografía de hace unos setenta u ochenta años, nos daremos cuenta que los jóvenes de entonces se vestían igual que sus padres y abuelos. Que probablemente compartían las mismas actividades recreativas que sus padres y abuelos. Que a lo mejor escuchaban la misma música que sus padres y abuelos y que seguramente habían entregado sus vidas a profesiones afines a las de sus padres y abuelos. Pero si miramos una fotografía de la juventud de los años 70, podemos observar un cambio drástico: el auge de los jeans, de las chaquetas de cuero con piel de oveja, el crecimiento desmedido del cabello, y el uso corriente de los tennis como calzado diario muestran que había una diferencia abismal entre esta juventud y sus padres. Y ni qué decir del nacimiento del rock, de la salsa y de otros géneros, que crearon un sin fin de actividades recreativas alrededor de la música.

La visión pacífica del mundo

La disolución de la familia tradicional fue otra de las consecuencias de la guerra fría y del mayo francés. El uso de anticonceptivos, el aumento del número de personas que vivían solas, la migración constante hacia las ciudades y la práctica del feminismo hicieron que se distorsionara por completo el concepto que se tenía de familia. Aunque no estoy desmeritando el papel de la familia como núcleo de la sociedad, sí quisiera decir que la apertura de sus puertas le dio la bienvenida a muchas minorías que necesitaban respaldo. Los jóvenes del 68 hicieron del amor familiar algo expansivo que extendió sus brazos hasta todas la minorías étnicas y los grupos discriminados, dándoles la bienvenida a un mundo más diverso y pacífico.

Aunque los revolucionarios del 68 cambiaron nuestro mundo pocas son las ocasiones en las cuales nos sentamos a recordarlos y a agradecerles por su labor, especialmente porque todo aquello por lo que ellos trabajaron se está invirtiendo nuevamente, dándole cabida a un mundo donde la otredad se está reconstruyendo de la forma más cruel.

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@valentinacocci4

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