Por: Juan Carlos Gómez

McLuhan, 100 años

El pasado 21 de julio se cumplió el primer centenario del nacimiento de Marshall McLuhan, el místico profesor canadiense de literatura, catedrático por muchos años de la Universidad de Toronto, reconocido por conceptos como “el medio es el mensaje” y la “aldea global”.

No obstante que su obra más famosa, La galaxia Gutenberg, fue publicada hace casi cincuenta años y él murió en 1980 —cuando no existía internet—, McLuhan es citado frecuentemente como profeta de esta era de la información.

De manera apocalíptica hace medio siglo pronosticó la muerte del “hombre tipográfico” y la desaparición del libro y de la escritura. Aunque afortunadamente ello está muy lejos de suceder, su actividad académica dejó como legado una profunda investigación histórica acerca de los efectos que tienen sobre la naturaleza humana todas las formas de comunicación (lenguaje, escritura, radio, televisión).

Primero la escritura y luego la tecnología, transformaron la mente y la forma de ver el mundo. La esencia de nuestra civilización se gestó en gran parte sobre la vieja cultura oral que duró muchos años antes de ser avasallada por la escritura. La tesis se resume bien en esta frase de McLuhan:

“Sócrates… no escribió nada. La Edad Media consideró a Platón como el simple escriba o amanuense de Sócrates. Y Santo Tomás de Aquino considero que ni Sócrates ni Nuestro Señor confiaron sus enseñanzas a la escritura porque no es posible por medio de ella la clase de interacción entre las mentes, necesaria en el adoctrinamiento”.

En su tiempo McLuhan fue sin proponérselo una celebridad a nivel mundial, cuya actividad intelectual a través de escritos y conferencias fue para él, más que todo, una forma de sostener a su extensa familia. Lamentablemente, su fama decreció al final de su vida y antes de que un severo ataque cerebral lo dejara incapacitado. En su última clase en la universidad apenas se inscribieron seis alumnos.

Como lo afirma Alan Jacobs, citando a Foucault, McLuhan no sólo generó ideas impactantes e innovadoras para su tiempo, sino que inventó una nueva forma de conversar y creó un nuevo lenguaje que otros pudieron adaptar, adoptar, mejorar y difundir. “La tipografía quebró las voces del silencio”.

 

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