Me duele mi Barranquilla

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Hace unos años decidí que me gustaría acabar mi vida en Barranquilla. Desde que volví en el año 2013, después de no haber ido por más de 27 años, quedé absolutamente enamorado de la ciudad, de su cultura, de su gente y del ambiente.

Emprendí entonces la búsqueda de un apartamento que me permita vivir allá desde el día que me pensione hasta mi muerte, que acecha por estas épocas. Me asesoré de algunos amigos barranquilleros y me metí en la tarea de hacerme a una pequeña vivienda en el tradicional barrio Prado Alto, hogar que he venido disfrutando desde 2018.

Antes de la pandemia trabajaba desde allí al menos una vez a la semana. Los mejores siete días de cada uno de los meses que logré viajar. La gente es absolutamente adorada y me ha pasado que las personas me dicen viejo Felo. Eso nunca me había sucedido. Pero allá entendí que esa es la manera de la gente para decirle a uno que lo quiere. Entre mis amigos, que no son pocos, está Moncho Dávila, gerente de Gases del Caribe. Un barranquillero de pura cepa que reúne habitualmente a muchas personas para unas tertulias maravillosas. Tengo otros amigos como Augusto García y Carolina, Memo León y su esposa Wendy, entre otros. He hecho en Barranquilla muchos más amigos de los que había hecho en cualquier otro lugar.

Por todo esto es que me duele Barranquilla, una ciudad muy golpeada por esta letal pandemia. Cada vez que veo las cifras de contagiados y muertos, sufro. Pero también me hace reflexionar sobre la necesidad de sincerar a la ciudad, que ha tenido, sin duda, alcaldes comprometidos: Álex Char (dos veces alcalde), Elsa Noguera y Jaime Pumarejo.

En mi criterio, la ciudad (de lejos) es la mejor en toda la Costa. El COVID-19 ha puesto en evidencia que la pobreza y la salud siguen siendo los principales problemas de los barranquilleros. Tal vez sea el momento de pensar en menos infraestructura y más programas sociales y construcción de centros de salud y hospitales. La ecuación es fácil: si los ciudadanos no tienen resuelto su sostenimiento diario y su salud, no tendrán tiempo para disfrutar los bellísimos parques y avenidas que se han construido. Esa es la tarea que se debe hacer hacia el futuro con rapidez y eficiencia.

A mis amigos de Barranquilla, al alcalde Pumarejo y a cada uno de sus habitantes solo les quiero decir que tengan mucho ánimo y fuerza, porque la ciudad va a salir de esto más fortalecida y grande. Solo espero vivir para ir a la ventana del mundo y la nueva construcción hecha por Christian Daes de Tecnoglass: la aleta de tiburón para homenajear a mi Júnior del alma. Te amo, mi Barranquilla.

Notícula. Tuve que ir a un procedimiento a la Fundación Santa Fe de Bogotá, en donde tengo a mi médico de cabecera, el doctor Fernando Sierra, estudioso, serio y ejemplar. El afecto del personal, los protocolos y el servicio, impecables como siempre. A su director, el doctor H. Gallardo, y a todos, mil gracias y que Dios los bendiga.

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