Por: Don Popo

¡Me echaron del Verde!

“¿Estás segura, Angélica? ¡No me estigmatices, no dogmatices la conversación! ¡No me cierres las puertas!”, le repetí cinco veces durante nuestra “conversación” por WhatsApp.

Porque dije que estaba en conversaciones (negociaciones) con todos los partidos y movimientos: Verde, Polo, ASI, Opción Ciudadana, Conservador, Farc, Senda, PANA, y próximamente con Cambio Radical, y otros; que estoy conociendo sus propuestas, y explorando quién recibe a los hiphoppers y a los jóvenes afros con nuestra agenda, estética y cosmovisión, y que nos dé garantías en el juego político para tener una representación.

Podría parecer un ejercicio razonable y prudente para un movimiento de tres millones de personas, ya no tan jóvenes, de diversas ideologías y procedencias, que durante 35 años han estado transformando los barrios del país con su arte y emprendimiento; y que ahora, nuevos en la cosa política, pretenden tener representante propio, para ser incluidos con dignidad...

Pero para Angélica no: “Alguien que piense y actúe de esa manera es una derrota para el Partido Verde… va a traer problemas graves de ser elegido y es mejor asumir ya esos riesgos… si le da lo mismo estar en el Verde que en los otros, quédese allá... Si eso es de candidato, cómo va a ser de senador... Tienes el perfil de la mayoría de senadores… ¡suerte!”.

¿Quién se cree esta mujer? ¿Cómo hay que llamarlas: el centro radical de los verdes; una nueva forma de totalitarismo? ¿Angélica la inquisidora? ¿Las Templarias, dueñas de la verdad y la ética? Como en una cacería de brujas, ¿todo el que no esté con el Verde es un corrupto y lo echan a la hoguera, sin pruebas, acusándolo indiscriminadamente, sólo por la sospecha que le da quien no comulgue con ellas, como los homofóbicos que me acusaron de homosexual cuando supieron que tenía amistades y trabajo con transexuales? ¡Intransigentes!

¿En qué país creen que viven? Pues en el mío conviven, bajo el mismo techo, paramilitares, guerrilleros, militares, sacerdotes, profesores, traficantes y víctimas, quienes cambian de rol con el mejor postor. Hacer política con la lengua es fácil, pero cuando has convencido a generaciones de salirse de la guerra y la delincuencia prometiendo que hay vida dentro del sistema, y te llaman en las madrugadas para enterrarlos; cuando te has untado del barro, comido de la misma y trabajado hombro a hombro, rogando paciencia y generando esperanza, el ejercicio político debe ser responsable y basado en entregar garantías reales más que la típica retórica académica de derecha o izquierda centralizada en Bogotá.

Si me investiga, descubrirá que en mis 29 años como artista y 21 años como trabajador social y empresario cultural siempre he creído en la construcción desde las diferencias y las contradicciones, que tendremos un mejor país cuando nos sentemos a la mesa, como iguales, con consideración, sin olvidar nuestros dolores, pero con compasión, y la firme convicción de que la única forma de tener un mejor país para todos es estando del mismo lado. ¡Sin dogmas!

Angélica y Claudia deben tener cuidado con su delirio de superioridad, dejar la vanidad, de arrogarse la autoridad ética y política de todo un país, de creerse impolutas y de banalizar la ética al convertirla en una burda herramienta populista –y tramposa–, en donde todos los partidos, todos los movimientos, todos lo políticos, viejos y nuevos, somos corruptos, menos ellas y el Verde… ¡Chao!

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