Por: Aura Lucía Mera

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ME GUSTA, SÍ, ME GUSTA EL NUEvo gabinete. Me gusta el acercamiento con las altas cortes. Me gusta el cambio en la cúpula. Me gusta el presidente electo, quien ya toma las riendas del navío.

Ya no se habla más de caballos. No se deje manosear. Me gusta que ponga distancias. Con el perdón de los catalanes, nunca mejor dicho “cada torero con su cuadrilla”. Y, a propósito, ¿por qué no sueltan seis miuras en el Parlamento catalán? A ver qué hacen. A ver quién corre. A ver quién se le mide y le pone la capa al toro, lo cita, lo templa y lo manda. Me gusta la prudencia frente a la guerra que casi nos monta el prontamente ex presidente Uribe. Faltan pocas horas para que se baje de la nube. Ojalá asuma desde su posición de ciudadano la política del silencio, deje gobernar y no se vuelva a meter en lo que ya no le toca. Lo veo difícil, pero soñar no cuesta nada.

Ojalá este silencio también lo aprendan el ex vice Santos, el ex canciller Araújo y todos los del cuasi antiguo régimen que están padeciendo ataques de verborrea incontenibles. Pueden aprender de Clinton, del mismísimo vaquero Bush, de Blair y de tantos ex gobernantes que saben dar, con dignidad, un paso atrás para dejar el camino despejado. Saber despedirse es un arte. Saber retirarse a tiempo es un arte. Saber seguir por otros caminos también es un arte. A ver si lo aprenden. Porque lo que no soportaría este país del Sagrado Corazón es tener a un presidente nuevo ejerciendo y a un ex presidente tejiendo conjuras, renegando y despotricando en la sombra, o en sol y sombra, porque sí que le gusta la pantalla.

Me gusta que se destapen los tapados. Que las ollas vuelvan a hervir y se renueven los cocidos. Que se limpien cañerías oxidadas, que se oxigenen los salones y que otras voces inunden de murmullos los pasillos de la sede presidencial. Se fumiguen los ácaros y se cambien los floreros. No creo en los milagros. Los niveles de corrupción, clientelismo, politiquería, entuertos y amañes a que ha llegado Colombia, no van a desaparecer de la noche a la mañana. Pero sí me gusta que aires nuevos, ritmos diferentes y propuestas distintas empiecen a mover la atmósfera, ya pesada, repetitiva, circular y densa que nos estaba apretando las gargantas y sofocando las ilusiones. Sacudirse un poco los Opus, mantener los PIN a prudente distancia, ondear las velas a otros vientos. Eso queremos una inmensa mayoría. Esa inmensa mayoría que nunca comió cuento ni se dejó hechizar por cantos de sirenas que terminaron en bagres. Sí, me gustan los nuevos aires. Buenos vientos. Ojo avizor y mucha garra. Es todo lo que puedo desear al Presidente y a su gabinete. No den el brazo a torcer .

P.D.: Me pregunto si al actual “embajador” nuestro ante la OEA lo van a dejar en su puesto o lo van a poner donde le corresponde: en una plaza de mercado. Amanecerá y veremos.

P.D.: Cambio de tercio para agradecerle a Nicolás Rodríguez, editor de Opinión de esta Casa Editorial, sus años de paciencia y sabiduría. Nos deja para seguir aprendiendo Historia. Regresará más sabio. He leído con atención y emoción todos los mensajes que le han enviado los columnistas de este diario. Homenaje merecido. Fue un verdadero guía. Le deseo toda la suerte del mundo en la fría Montreal y espero que regrese pronto. También a él, buen viento y buena mar.

 

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