Por: Patricia Lara Salive

Me le quito el sombrero, presidente Santos

EN SUS PRIMERAS TRES DIAS JUAN Manuel Santos posesionó a un gabinete estelar y solucionó dos de los principales conflictos de la era Uribe: el pésimo estado de las relaciones con Venezuela, que nos estaba acercando a que Chávez nos declarara la guerra, y el enfrentamiento entre el Presidente y las Cortes, que ha tenido consecuencias tan absurdas como que llevemos más de un año sin Fiscal General de la Nación. Y, a lo mejor, en esas 72 horas, Santos también sentó las bases para solucionar nuestro otro gran conflicto: la eterna guerra con la insurgencia armada.

Como columnista me he caracterizado por ser crítica del gobierno de Uribe y por defender los postulados de la izquierda democrática, con independencia de lineamientos partidistas, incluidos los del Polo, partido del que tuve el honor de ser candidata a la Vicepresidencia en el 2006, al lado del maestro Carlos Gaviria. Ante la disyuntiva que ocasionalmente se me ha presentado, de escoger entre el periodismo y la política, siempre he preferido el periodismo y creo que, hasta que la vida me lo permita, seguiré ejerciendo con absoluta independencia ese oficio que, como dijo García Márquez, es “el mejor del mundo.” 

Por  ello no temo escribir esta columna, ni titularla como la titulo, y considero de elemental honestidad revelarles a mis lectores el mensaje de felicitación que le envié al recién elegido presidente Santos, a quien traté de cerca en los años 78 y 79, cuando ambos vivíamos en Londres y, luego, en los años 80, cuando él era subdirector de El Tiempo y yo reportera de la edición dominical de ese diario.

 El 20 de junio le escribí: “Apenas oí el titular de Caracol: ‘Juan Manuel Santos, nuevo Presidente de Colombia’, pensé en la cara de pavo real que habría puesto el gran viejo Enrique… Lo felicito, Juan M. El suyo es un triunfo sin precedentes. Semejante apoyo le da la posibilidad de hacer lo que muchos deseamos que haga: que se desprenda de los políticos corruptos y ligados a las mafias y al clientelismo, para gobernar con los más honestos y capaces en bien de los más pobres; que combata la guerrilla pero que respete los derechos humanos y que, si se da la oportunidad, logre con ella un acuerdo de paz; que le pida a Angelino que busque y logre un acercamiento con los presidentes vecinos y demás fuerzas de izquierda del continente; que trabaje para que cesen los odios que encendió Uribe y que gobierne, no como él, lleno de deseo de venganza, sino como creo que quiera hacerlo Ud., lleno de racionalidad y de pragmatismo. Si cumple sus promesas, especialmente esa de quitarles la tierra a las mafias para dársela a los campesinos, cuente con mi apoyo como columnista. Si no, le haré una oposición honesta y respetuosa. Le deseo mucha suerte, presidente Santos. Su buena suerte será la del país y la de nuestros hijos”-

Con sentido del humor, Santos me contestó días después: “Trataré de no defraudarla para que no tenga que hacerme oposición”.

Hoy debo decirle que hasta ahora no me ha defraudado. (¡Lo que sí me preocupa es que ya me está quedando difícil encontrar tema para escribir dos columnas a la semana!)

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Le expreso mi solidaridad a Darío Arizmendi y a su gran equipo de Caracol. Y ¡ojo, no nos equivoquemos!: ese atentado pareciera venir de la extrema derecha, con el propósito confundir al país, entorpecer la apertura que inicia Santos y, de paso, cobrarle a Darío su independencia y verticalidad.

 

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