Por: Mario Fernando Prado

¿Mechoniada electoral?

CUÁNTO ME GUSTARÍA QUE A LA recta final de las elecciones presidenciales llegaran las tres mujeres aspirantes a tan macho cargo.

De alquilar balcón serían las pullas, los dardos y los ataques que se proferirían mutuamente porque, reconozcámoslo: las mujeres solitas son de maravilla, pero vaya júntelas. Afloran sentimientos de ira e intenso dolor cuando de competencia, figuración y preferencias se trata. La pelea es sin cuartel y las armas que esgrimen no siempre son las más claras y limpias.

De ello pueden dar fe las empresas que deben decidir, para acceder a un cargo importante, entre dos o más aspirantas y/o opcionadas. Ni comparación con los pugilatos masculinos, generalmente menos viscerales y menos sucios. Entre ellas en cambio todo es válido y más el escudriñe de sus vidas privadas, en lo que la solidaridad de género no existe y todo se olvida en aras de la victoria.

¿Imaginan a la bien puesta Noemí, toda sonrisa, toda candor, enfrentada con la fría y calculadora Marta Lucía y todas a una con la frentera y deslenguada Cecilita?

Al principio, besos van, elogios vienen, haciéndose pistola con los dedos de los pies. Y una vez que se prenda la mecha porque se entera la una de lo que dice la otra, allí las conoceremos verdaderamente, porque no hay cosa más fea que una pelea de mujeres bellas, así todas no lo sean.

Lógico que esta guerra soterrada o abierta le pondría la sal a una disputa electoral que requiere de emociones y apasionamientos para que sea taquillera y estas tres vedettes constituirían un delicioso picante y un motivador para que los varones —para no mencionar la población LGBT— voten mujer y sus congéneres voten varón.

Si el poder embriaga a los hombres, enloquece a las mujeres, que con éste se tornan insoportables y pierden la gracia que las caracteriza. Ahora, si por el bastón de mando se enfrentan entre ellas mismas, se llega al mechoneo y si una de las tres gana, vayámonos a vivir a las tierras de Correa o del mismo Chávez, aunque dicen que los gays son peores.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

“Martillo”, íntegro e integral

Buenaventura a la deriva

El papel de Angelino

Una agroindustria en peligro

Popayán se llena de sabor