Por: Felipe Zuleta Lleras

Medellín y la otra Colombia

AL COMIENZO DE LA SEMANA OÍMOS al Dr. Alberto Casas transmitiendo para la W desde Medellín. Alberto hablaba con dos tonos:

el primero, el de periodista, contando lo que pasaba en la asamblea del BID, y el segundo, el de relacionista público, haciendo una eufórica y desbordada defensa de Medellín y de Sergio Fajardo.

La emprendedora y sofisticada ciudad de Medellín es producto de una rampante iniquidad que se convierte en una afrenta para con el resto del país. En Antioquia la universidad pública recibe más plata que cualquier otro centro docente; hay que ver esas carreteras antioqueñas con millonarios túneles que conectan a Medellín con las fincas de los ricos. Entre tanto, en la otra Colombia la gente se mueve por trochas para producir los impuestos con los que se paga la pujante infraestructura en Antioquia.

¿Por qué en ciudades tan importantes como Cali o Barranquilla no se citó a la reunión con el BID? Además del antipático regionalismo es porque el resto del país da vergüenza. Cómo me gustaría ver a Uribe explicándole a Clinton y al resto de los ilustres visitantes por qué Barranquilla o Cali no parecen ciudades sino pueblos decadentes. Y ojo que estamos hablando de dos ciudades que demográficamente e industrialmente son tan importantes como Medellín. Qué tal habláramos de ciudades pequeñas pero no menos importantes como Pasto, Villavicencio, Ibagué o Popayán, ciudades éstas que literalmente fueron conejeadas por el Gobierno, que prometió y no cumplió.

En cuanto a Fajardo las cosas también son a otro precio.

¿Qué sería hoy del precandidato a la Presidencia si en lugar de haber pasado por la alcaldía de Medellín hubiera pasado por la alcaldía de Pasto o de Bucaramanga?

En primer lugar no hubiera tenido la fuerza del Estado invirtiendo desmedidamente en una sola región, como tampoco hubiera tenido con qué “echar el polvo debajo del tapete” a través de la construcción de bibliotecas en sectores deprimidos mientras Don Berna vigilaba sus predios.

Por estos días leí que Fajardo aseguraba que lo que él hizo en Medellín lo podría hacer en el resto del país. Me temo que el ex alcalde está muy equivocado; no hay la menor posibilidad que un paisa mire —como no sea para pedir votos—  otra región distinta a Antioquia. La muestra la tenemos en la calle octava donde reside Uribe, quien se ha vestido con ruana boyacense, sombrero vueltiao de la costa, alpargatas llaneras, como parte del ritual para engatusar al pueblo, pueblo que después ve atónito cómo el mandatario paisa se quita el disfraz y vuelve a su poncho y carriel para despacharse la mayoría del presupuesto en Antioquia, la tierra que descrestó a nuestro Alberto, cachaco de fina estirpe.

Espero que Héctor Abad, Alejandro y Pascual Gaviria se ahorren sus vaciadas contra mí por mencionar a su intocable Fajardo, quien tendrá muchas cosas que explicar, entre ellas la de haber asistido a una fiesta pagada por Guillo Ángel que él sostiene, no sabía. ¡Curioso!

felipezuleta.blogspot.com

 

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