Por: Nicolás Rodríguez

Mediando a medias

Como se sabe, el gobierno se negó a reconocer el Estado palestino. Versada en el tema, Laura Gil vaticinó que con esa decisión Colombia quedaría "del lado equivocado de la historia". E igual concepto emitió la profesora e investigadora Arlene Tickner, quien escribió que el país amanecería "en el lado equivocado del debate".

Igual, el gobierno insistió en que es preciso dar inicio a unas negociaciones de paz entre las partes para ahí sí pensar en reconocer un Estado. Es decir: le ratificó el no a Palestina pero posó de interesado en una solución de largo plazo. Con ello, cerró filas en torno a Estados Unidos e Israel, sus dos aliados estratégicos.

Hasta ahí, podría decirse, nada nuevo. Impopular, de pronto, toda vez que en América Latina todos reconocieron el Estado palestino. Pero de cualquier manera poco novedoso. No se puede decir que la posición del gobierno sea una gran sorpresa. También le dijimos que sí, en solitario, a la guerra con Irak, por ejemplo. Y a Corea, explica una página electrónica institucional, “Colombia fue la única nación de América Latina que envió tropas y equipos de combate para defender la causa de la Democracia”.

Sin embargo, una cosa más: nos convertimos en mediadores. Sobre la mediación el presidente Santos, en tono desinteresado, obediente, casi humilde, se lanzó un "Si funciona, perfecto; si no funciona, podremos decir que hicimos nuestra tarea”. Una frase amigable, rutinaria, pero en la que no queda tan claro en qué consiste esa tarea (y mucho menos quién entra y quién no en ese nosotros).

A propósito, a la canciller Holguín se le vio muy activa en Israel. Visitó al primer ministro, Benjamin Netanyahu, pero también se reunió con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas. Los dos extremos, pues, del conflicto. Y se nos ratifica que el país buscará el añorado acercamiento. Las llaves de la paz, incluso. En síntesis, para Colombia este parece ser un papel digno. Humanitario.

Y como tal fue recibido. Aunque están los que insisten en que el Presidente debería ocuparse de lo interno, de la violencia doméstica (un argumento más bien parroquial, que denota uno que otro complejo), en general las reacciones han sido elogiosas. También pintorescas. El propio gobierno se ha encargado se sacarle provecho noticioso a la cosa.

Con todo, la ambigüedad persiste. En términos del diccionario de la Real Academia, mediar es interceder. Es interponerse entre dos o más que riñen. Justamente, es tomar un término medio entre dos opuestos. Colombia, creería uno, tendría entonces que haber guardado distancia. Ni con los unos ni con los otros. Por prudencia, por estrategia, por seguir los manuales y cartillas de la resolución de conflictos. Pero no fue así. Según el mismo diccionario, mediar también es “rogar por alguien”. Es tomar partido.

Vaya uno a saber si esa era, en últimas, la dichosa tarea.

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