Por: Columnista invitado EE

¿Medicina barata?

Sin duda una de las medidas más importantes para aliviar la crisis del sistema de salud ha sido la reciente regulación de los precios de algunos medicamentos.

Un acierto probablemente relacionado con el perfil profesional de nuestro presidente y nuestro ministro de Salud.

Estas medidas pueden avanzar mucho más hacia una regulación responsable de los caóticos costos en toda la estructura del sistema. Mientras los profesionales de la salud, es decir, los verdaderos prestadores de servicios de salud, deben tolerar abusos de todo tipo en su remuneración y esquemas de contratación por parte de las instituciones e intermediarios, los proveedores de insumos, servicios informáticos, infraestructura, seguridad, alimentos, lavandería, métodos diagnósticos, laboratorios y muchos otros han cuidado su estabilidad y productividad como cualquier negocio que se respete; al fin y al cabo ellos no tienen que enfrentar la cruda realidad de atender al paciente y a su familia que padecen las consecuencias de la corrupción y limitación de recursos de todo tipo.

Es sensato, como sociedad, apoyar estas medidas que buscan racionalizar los costos para alcanzar algún día una cobertura con calidad y equidad. O qué pensaría un padre de familia “proveedor”, como los llaman los psicólogos, si uno de sus hijos gastara tanto dinero en su salud que el resto de la familia tuviera que pasar hambre y quizás morir por atender sólo a uno de ellos. Más grave aún, ¿qué tal que la decisión de asignar recursos para un tratamiento costoso fuera tomada por un profesional que a su vez recibe beneficios económicos por ordenar o autorizar un gasto en favor de unos pocos, descuidando por falta de recursos la salud de la mayoría de habitantes?

¿Cuántos costos se podrían reducir dramáticamente con una adecuada política de prevención, con una cultura madura de autocuidado? Vale la pena reflexionar sobre nuestras propias conductas y responsabilidades con la salud personal antes de criticar al sistema o al gobierno, evitando el consumo de alcohol y tabaco, cumpliendo las recomendaciones de vacunación, higiene, nutrición, actividad física.

Sin duda es función de los gobiernos nacional, regional y local regular y auditar gasto. Más allá de luchas ideológicas e intereses gremiales, estamos entendiendo que los recursos disponibles son muy limitados, acá y en el resto del mundo. Si pretendemos satisfacer las necesidades mínimas de toda la población colombiana, es necesario limitar los costos de los tratamientos individuales para preservar el bien común. Es cierto que la salud no puede ser un negocio, pero también es cierto que el derecho constitucional a la salud de cada paciente debe tener límites si pretendemos garantizar este derecho a todos los colombianos. Mis derechos terminan donde comienzan los de otro colombiano.
* Especialista en Medicina Interna y Doctorado en Medicina del Deporte

John Duperly*
 

 

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