Por: Klaus Ziegler

Medicina fitoterapéutica y la falacia naturalista

En Colombia, como en tantos otros países, la venta libre de productos naturistas ha desbordado el control de las autoridades sanitarias.

No sorprende entonces la reacción de alarma cuando el director de drogas del INVIMA anunció en días pasados una serie de posibles controles y restricciones al multimillonario mercado. Pero, ¿qué podría haber de nocivo en una tibia y relajante infusión de valeriana o de pasiflora como para restringir su venta bajo prescripción médica? En mi opinión, excelentes argumentos respaldan la decisión.

En primer lugar, no todas las drogas naturistas son tan benéficas o tan inocuas como se cree. Se piensa que lo “natural”, lo orgánico, es sinónimo de saludable, de benéfico, solo por su condición de proceder de la madre naturaleza. En contraposición, lo sintético, lo fabricado por el hombre, se asocia con lo contaminante, lo insalubre, lo malsano. Bajo esa lógica, las drogas “naturales” se publicitan como medicinas más recomendables y seguras. En la literatura científica, el sofisma se conoce con el nombre de “falacia naturalista” (no me refiero a cuestiones de la filosofía moral), y hace parte del dilatado inventario de especulaciones nocivas y sin fundamento divulgadas por el movimiento New Age.

No existen drogas “limpias”, “sin químicos”, como suele escucharse entre los defensores más románticos de la medicina naturista. La distinción entre lo natural y lo sintético resulta ilusoria, pues no hay diferencia entre una molécula sintetizada por el hombre y otra extraída de las entrañas de natura. No podemos olvidar que un buen número de drogas convencionales son solo extractos de los componentes químicos activos presentes en ciertas plantas.

La medicina naturista se ha practicado desde épocas milenarias, pero su antigüedad no constituye prueba de su bondad o efectividad, como suele alegarse. Los contraejemplos abundan: la efedra ha sido utilizada en la medicina tradicional china durante milenios aunque su consumo implica graves riesgos para la salud [1]. El azogue se empleó durante siglos para combatir la sífilis y las infecciones de la garganta, a pesar de ser ineficaz como antibiótico, y en extremo tóxico. Preparados de huesos molidos de tigre se consumen en el continente asiático desde épocas ancestrales para aliviar un sinfín de dolencias. La superstición solo ha contribuido a poner en peligro la supervivencia del hermoso animal.

El reino vegetal en su conjunto constituye un gigantesco laboratorio. En el transcurso de millones de años la naturaleza elaboró, a manera de señuelos o de recompensas, toda clase de almíbares, bálsamos y fragancias. Pero en su perpetua guerra contra los organismos depredadores o parasitarios, las plantas así mismo desarrollaron un poderoso arsenal de armas químicas: venenos mortíferos, alcaloides psicotrópicos, pesticidas, ponzoñas, sustancias corrosivas, proteínas neurotóxicas…

Pocas toxinas igualan en potencia a la ricina, extracto de la semilla del fruto globuloso y erizado del Ricinus communis. No menos deletéreos resultan ser los alcaloides de la belladona, del regaliz americano (Abrus precatorius) o de la cicuta, venenos conocidos desde épocas remotas.

Después de un largo pleito, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) logró prohibir en Estados Unidos la venta de aquellos productos derivados de la efedra. Los preparados se vendían bajo la falsa promesa de ayudar a combatir la obesidad, cuando en realidad se trataba de una planta en extremo tóxica. En España la hierba fue retirada del mercado en 2004, y la venta al público de cualquiera de sus preparados quedó prohibida. Su empleo está hoy restringido a la elaboración de productos farmacéuticos sujetos a prescripción y control médico.

El comfrey, cuyo nombre vernáculo es consuelda, se ha vendido con fines medicinales, sin restricciones médicas, a pesar de ser una planta potencialmente mortífera. En Colombia se ofrece como una infusión capaz de incrementar los glóbulos rojos y “limpiar la sangre del feto en las mujeres embarazadas” (“limpiar el organismo” es una clásica noción seudocientífica). Esta planta (Symphytum officinale) contiene alcaloides pirrolizidínicos hepatotóxicos. Su uso prolongado puede causar insuficiencia hepática, cirrosis y cáncer: animales sometidos a dietas adulteradas con 8% de extracto de consuelda desarrollaron, en apenas año y medio, profusos tumores en el hígado. Ungüentos de consuelda también se venden como cremas para “ayudar a sanar los huesos” (de ahí su nombre en latín). Sobra comentar sobre su ineficacia terapéutica para ese fin, aunque debería advertirse que sin la apropiada dosificación, los componentes químicos de la planta se absorben a través de la piel, se acumulan, y pueden ocasionar intoxicaciones graves. Su venta está restringida o prohibida en Australia, Canadá, Inglaterra y Alemania.

Las aristoloquiáceas constituyen una de las familias de plantas preferidas de la herbolaria médica. Uno de sus componentes activos es el ácido aristolóquico, derivado de los alcaloides del tipo de las aporfinas. La ingestión de extractos de esas plantas se asocia a un cuadro clínico caracterizado por fibrosis renal progresiva, la cual deriva con frecuencia en insuficiencia renal crónica. Amén de ser nefrotóxica, sus efectos carcinogénicos están bien documentados: su consumo asiduo se asocia con la aparición de tumores del tracto urinario superior.

Pero el peligro potencial de algunos medicamentos no es la única razón para querer reglamentar el lucrativo negocio de la medicina naturista. Sumado a ello, no son pocos los casos en los que se incurre en publicidad engañosa, cuando se ofrecen medicamentos que prometen efectos curativos no demostrados. La pasiflora, por ejemplo, se vende para tratar el trastorno de ansiedad, las quemaduras, las hemorroides, el asma, la presión arterial alta, los problemas cardíacos, las convulsiones… Para ninguno de estos males existen estudios científicos que respalden esos supuestos beneficios. La valeriana, de otro lado, aunque muestra tener efectos hipnóticos, se anuncia como medicamento para la depresión, la epilepsia, el déficit de atención y hasta para los dolores musculares. Nuevamente, se peca por publicidad engañosa, pues no existe suficiente evidencia para demostrar su eficacia en el tratamiento de ninguno de esos padecimientos [2].

Los preparados de arándanos (en forma tabletas o de bebidas) se ofrecen como drogas para prevenir las infecciones del tracto urinario. En 24 estudios, con 4473 participantes, no obstante observarse una pequeña tendencia hacia la disminución de infecciones, la comparación contra un placebo no arrojó resultados significativos [3]. Así mismo, el extracto de la baya de la palma enana Serenoa repens es uno de los productos fitoterapéuticos disponibles para el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata. De nuevo, la planta resulta tan ineficaz como el inocuo placebo en el tratamiento de esa afección [4].
Existen, por supuesto, productos naturistas cuya eficacia está documentada: el chocolate negro y el ajo en tabletas han demostrado poseer efectos hipotensores. Los extractos de hojas de olivo parecen ayudar a reducir niveles altos de colesterol. El jengibre resulta conveniente para eliminar las náuseas y detener el vómito; el consumo de té verde promete disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, no obstante los estudios sobre sus atributos anticancerígenos son aún motivo de discusión [5].

Sin embargo, el mayor problema de la medicina naturista no reside únicamente en los peligros de drogas potencialmente tóxicas, distribuidas sin control médico, o en el desfalco al bolsillo de incontables víctimas de publicidad exagerada o engañosa. El mayor peligro estriba en la desinformación, cuando se confía en drogas tan ineficaces como el simple placebo, prescritas para tratar enfermedades graves, progresivas, incurables en los estadios avanzados, pero reversibles cuando se tratan a tiempo. El caso más dramático quizá sea el de Steve Jobs, la más célebre víctima de ese chamanismo seudocientífico que se practica muchas veces bajo el nombre de “medicina alternativa”.

Un grave problema de salud pública seguirá en aumento mientras no se impongan restricciones a la venta y distribución de los productos naturistas, y mientras la práctica de las denominadas “terapias alternativas” se siga consintiendo sin ningún control.

[1] Adverse Cardiovascular and Central Nervous System Events Associated with Dietary Supplements Containing Ephedra Alkaloids, The New England Journal of Medicine, December 2000.

[2] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17054208
[3] http://summaries.cochrane.org/CD001321/RENAL_cranberries-for-preventing-urinary-tract-infections#sthash.ZBItAcjC.dpuf
[4] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19370565
[5] http://summaries.cochrane.org/CD005004/GYNAECA_green-tea-for-the-prevention-of-cancer

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