Por: Hernán González Rodríguez

Medicina socialista

Por ahí circula un libro sobre la historia de los servicios de salud en la Unión Soviética, servicios que se inspiraron en unas ideas que parecen estar vigentes hoy en numerosos países, comenzando por los Estados Unidos y por Colombia.

El autor del libro citado es Yuri N. Maltsev, del Mises Institute.

En 1918, la Unión Soviética fue el primer país en adoptar la cobertura de los servicios de salud con calidad desde la “cuna hasta la sepultura”. Para lograr esto se socializó totalmente la medicina y el “derecho a la salud” se proclamó como un derecho constitucional de los ciudadanos soviéticos.

Los objetivos de entonces fueron los mismos del presidente Obama, de la senadora Pelosi, de la Corte Constitucional y del Congreso de Colombia: la cobertura universal es un deber humanitario, que evita la duplicación, la competencia y reduce los costos.

Al finalizar la década de los años 90, cuando fracasó el socialismo soviético, miraban los rusos este servicio con apatía, por la mugre, la ausencia de jabón, drogas y desinfectantes y por culpa de los médicos borrachos. De acuerdo con los estimativos oficiales rusos, 78% de todas las víctimas de Sida contraían el virus por el reutilización de agujas infectadas. No había dinero para pagar los salarios de los médicos y demás personal de los hospitales. Para obtener una atención mínima, debían los pacientes sobornar médicos, enfermeras….

Como las películas para los rayos X se importaban, pues no se empleaban en casos indispensables, debido a esto los diagnósticos y las curas inapropiadas, con relativa frecuencia empeoraban las enfermedades. Pero, eso sí, con el fin de mejorar las estadísticas, expulsaban los pacientes en forma rutinaria para que fueran a morir a sus casas.

Ante esta amarga realidad, los burócratas y los intelectuales soviéticos crearon un sistema paralelo de medicina dotado de modernos equipos y con servicios exclusivos para ellos solamente, para la llamada “Nomeklatura”. Algo similar existe en Cuba para los Castro y para Chávez. Peor aún, al pueblo mayor de 65 años le niegan casi todos los servicios.

Al finalizar el experimento socialista, registraban 55 niños muertos por cada 1.000 nacidos vivos. En los Estados Unidos tan solo morían 8 de cada 1.000, entre los infantes muertos suman los estadounidenses los prematuros que nacen muertos, adición que no hacen otros países. Cuba, por ejemplo, que se enorgullece de sus bajas tasas de mortalidad infantil, solamente registra como vivos a los niños después de varios meses de vida, para excluir a los infantes que, por lo general, fallecen durante las primeras 72 horas de vida.

Aun hoy día, de acuerdo con estadísticas oficiales rusas, afirma el libro aludido, sus hombres tan solo alcanzan un promedio de 59 años de vida y las mujeres de 72. En los Estados Unidos viven hoy en promedio los hombres 73 años y las mujeres 79.

Los embelecos de la medicina socializada de calidad y para todos, con el fin de garantizar la salud y elevar el nivel de vida “desde la cuna hasta la sepultura”, ofrecen hoy razones de evidencia empírica contrarias a los razonamientos de los políticos que los proponen, sin saber de dónde van a salir los recursos. Por ahí escuché que el plan de salud de Obama podría acercarse al 20% del PIB en el año 2020. ¿Cuánto costará el embeleco colombiano, ya por la vía del descrédito? 

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