Medidas fracasadas

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El gobierno Duque tiene un singular sistema de conversión. Las hectáreas de coca son su medida principal, constituyen su sistema métrico de logros y méritos. Hace poco el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, respondía a la pregunta por las masacres en varios departamentos con la cifra de reducción de hectáreas de coca el año pasado. Frente al dominio territorial y a la incapacidad del Estado para atender sus propias advertencias (decenas de alertas tempranas de la Defensoría que se consuman en violencia homicida), el ministro repetía la hazaña del Gobierno consistente en la reducción del 9 % de las hectáreas de coca. Además, después de 40 años de guerra contra las drogas nos dicen cada día que el poder de la mafia es el principal culpable de la violencia en algunas zonas. No se pretende que las declaraciones de Duque y Trujillo sean reveladoras, pero no puede ser que quieran tranquilizarnos y mostrar sus empeños con semejantes revelaciones.

Toda esa matemática básica pretende llegar a un sencillo razonamiento: la coca produce plata, la plata produce poder ilegal, el poder ilegal se conserva con violencia; luego, si reducimos los cultivos de coca, automáticamente caerán los homicidios. ¿Y cuál es la forma más efectiva de reducir la coca? Pues, según el Gobierno, la fumigación con glifosato. Al despejar su ecuación las cosas quedan así: más veneno sobre la coca igual a menos asesinatos. Pero se olvidan algunas complejidades en su indicador preferido.

 

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