Por: Iván Mejía Álvarez

Medio vacía

Con la selección sub-20 se plantea el dilema de si la botella está medio llena o medio vacía. Cada cual hace su lectura particular, su interpretación de los hechos, y saca sus conclusiones.

Escribo antes del juego contra Brasil y del partido Argentina-Uruguay, y por lo tanto no se puede hablar categóricamente de una clasificación o una eliminación a los Olímpicos. Matemáticamente existe esa posibilidad y adelantarse puede ser un gran error.

Más allá de que se cumplió con la clasificación al Mundial de Nueva Zelanda, se palpa una sensación de incomodidad con el rendimiento, con el juego exhibido, con los planteos tácticos y decisiones del técnico Carlos Restrepo.

El equipo tenía buenos jugadores, sin la menor duda, por lo que la tarea de selección del técnico parece que se hizo correctamente. Futbolistas de buen pie, hábiles, pero también jugadores egoístas, individualistas, que quisieron hacer del lucimiento particular su arma para destacarse e interesar a los empresarios que vigilan estos torneos.

Restrepo arrancó con un equipo y terminó con otro, fue dando volteretas durante el torneo, apegado a unos nombres que jamás le dieron resultado, como Quiñónez y Morelos, mientras quedó la sensación de que en el juego contra Paraguay no se utilizó la nómina correcta y que por capricho se manejó mal el partido que se le ganaba jugando muy bien a Argentina.

El arquero Montero tiene talla y futuro, pero tendrán que trabajarlo para que aprenda a salir y haga respetar su talla y envergadura. Mondragón, que entiende mucho del arco, le ve un gran futuro.

Los laterales, Orejuela, Castrillón y Angulo, son buenos, marcan y salen bien, sobre todo Orejuela, interesante prospecto. Los centrales son bastante aceptables, sobre todo Quintero, que luce con clase y jerarquía; no tanto Sánchez, que cuando se desespera la revolea a cualquier lado. La defensa tiene problemas en las pelotas de costado y cada vez que le levantaron el balón sufrieron mucho con un arquero pegado al piso.

Tello pega mucho y entrega regular, Rovira es silencioso y rendidor, Díaz dejó poco para comentar. Y a partir de allí se salva Lucumí, interesante por derecha y por izquierda; Jarland tiene clase, pero fue muy mal manejado por el técnico; Quiñónez sabe mucho con la pelota en los pies, pero es un egoísta de marca mayor; Morelos fracasó totalmente, y Santos Borré es clarito en los desmarques de ruptura y apoyo, pero tiene que aprender a rematar, a meter goles, para no ser la versión moderna del mejor delantero sin pelota.

A este periodista le supo a poco este equipo, la botella está medio vacía. De campeón a cuarto no es una buena medida...

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

Zurdos

Júnior

Vergüenza total

Definiciones

Negocio en crisis