Por: José Manuel Restrepo

Mediocridad competitiva

Un año más en el que a pesar de todos los esfuerzos posibles, de haber convertido el tema de la competitividad en una política de Estado, de haber diseñado nuevas estrategias de desarrollo productivo, de aumentar los esfuerzos en tratados de libre comercio y aun de trabajar juiciosamente en las cifras macroeconómicas del PIB, empleo, pobreza e inflación, seguimos estancados en el concierto mundial en materia de competitividad.

Al igual que hace cuatro años seguimos en el mismo puesto 69 entre 133 países en el indicador global de Competitividad del Foro Económico Mundial. Algo similar podría decirse de la clasificación en competitividad que hace la famosa escuela de negocios de Suiza IMD.

Hay por lo menos tres razones de importancia mayúscula para este pobre desempeño. Una es el atraso en infraestructura donde esperamos que las promesas de inversión vayan materializándose en un mejor desempeño real y superemos las carreteras de 40 km por hora y alto nivel de inseguridad; una segunda es la debilidad en cobertura y calidad, en especial en el nivel de educación básica y media. Y una tercera, el bajo nivel de desarrollo en ciencia, tecnología e innovación.

Puntualmente quisiera referirme a dos barreras en la dirección esperada. Una de ellas es el retraso en ciencia. Para nadie es un secreto el bajo nivel de inversión pública en el tema y la poca importancia que el sector privado le da al mismo asunto. En países medianamente desarrollados, la inversión en ciencia y tecnología es un 70% en cabeza del sector privado y un 30% del público, pero con una inversión total que debe ser por lo menos seis veces la actual para alcanzar a Brasil y 12 veces la actual para llegar a los países desarrollados. Con esperanza todavía pensamos que la salida será en los recursos de regalías, pero ya preocupa que dichos recursos se están asignando (cuando se asignan) más con criterio de “politiquería y burocracia” regional, que de política científica madura. Estamos próximos a montar los nuevos elefantes blancos regionales de la “pseudociencia”, que reemplazarán las viejas infraestructuras (hospitales sin dotación, monumentos costosísimos, coliseos sin terminar, etc.) que pululan en las zonas petroleras que nunca se abrieron o nunca se utilizaron. Tampoco lograremos mejorar en ciencia con la acertada intención de ser parte de los países de la OECD. Dicha propuesta debe estar acompañada de más inversión pública de largo plazo (así no genere réditos de corto plazo) y de mayor concientización a que el sector empresarial se comprometa realmente con el tema.

Pero el segundo asunto es entender, como lo señala un estudio reciente del Banco de la República, que es imposible lograrlo cuando el 91,4% de los jóvenes bachilleres no hablan inglés o no tienen un nivel apenas básico en un segundo idioma, o que apenas el 6% de los egresados universitarios lo dominan. Más grave aún es que entre quienes son los profesores de educación básica y media de “inglés”, 7 de cada 10 tienen un nivel “bajo” en dicho idioma. Es imposible pedirle “peras al olmo”.

Podemos tener las mejores carreteras, aun las cifras macroeconómicas más estables y destacadas de América Latina para la directora del FMI, la cobertura en educación superior de mayor crecimiento en la región, pero se hace indispensable entender que los negocios con el mundo se hablan y se hacen en inglés, y que esos sobresalientes profesionales que todos los días le entregamos a la sociedad, serían aún más exitosos si hablaran una segunda lengua. Lo propio, si nos convenciéramos de que la innovación y el desarrollo en ciencia son inaplazables y requieren políticas más agresivas y efectivas, que recuperen la grandeza de Colciencias y aprendan de experiencias exitosas en innovación en países como Chile o Corea del Sur.

De no avanzar en lo anterior seguiremos cuatro años más construyendo mediocridad competitiva, caminando no a ritmo de “locomotora”, sino de “carrito de balineras” y en cuatro años volviéndonos a preguntar ¿por qué seguimos en el mismo puesto mundial en competitividad?


* José Manuel Restrepo Abondano

[email protected] / @jrestrp
 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Manuel Restrepo

Una despedida de esta casa

Hacia un acuerdo nacional

¿La revolución trasnochada de Córdoba 2018?

Carta al presidente electo