Por: Antonio Casale

Mediocridad promedio

Se hace necesario revisar el reglamento en cuanto a la manera de definir el descenso. El método actual premia a los mediocres que tienen ahorros, pero se quieren dar el lujo de rellenar el torneo sin mayores obligaciones, y castiga a quienes vienen de abajo hacia arriba, queriendo ser competitivos.

Es así como América hoy es sexto en la reclasificación del año, con 22 puntos de ventaja sobre el último que es Envigado y aun así está peleando seriamente por no descender. Bucaramanga ocupa el puesto 12 con 45 puntos, 10 más que el colero, y también tiene comprometida su posibilidad de seguir en la A.

Mientras tanto Patriotas, Huila, Once Caldas, Envigado y Rionegro Águilas se han dado el lujo en 2017 de tomarse un año sabático. No gastan dinero, aunque reciben lo mismo que todos los demás por concepto de televisión y patrocinios generales. Empobrecen el nivel del campeonato y apenas el próximo año tendrán que medio preocuparse por comenzar a pelear el descenso. Digo medio preocuparse, porque los que suban tendrán la primera opción de volver a bajar, pues entrarán con el promedio de puntos dejado por quienes bajen en diciembre. La idea del promedio es una mala copia, como tantas, de lo que se hace en Argentina. Allá, al menos el que sube entra en ceros, lo que hace las cosas más equilibradas.

Como si fuera poco lo anterior, si América llegase a descender, pero su puntaje le diera para clasificar a Copa Libertadores, no tendría derecho a ese cupo. Así lo establece el artículo 16 del reglamento.

El presidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, acertadamente ya puso sobre el tapete la posibilidad de discutir el tema, pero no será fácil. Recordemos que todos los equipos tienen derecho a un voto que pesa por igual. En estas circunstancias, lo conveniente económicamente para los mediocres, que son la mayoría, es mantener las cosas como están. La tarea del presidente es convencerlos de que a la larga un torneo de mejor nivel, en el que todos tomen riesgos, puede ser mejor para todos porque al ser más atractivo habrá más posibilidades de conseguir más y mejores patrocinadores, que redundarán en beneficios para los afiliados, sin excepción. Pero es una cuestión cultural, en un país en el que el de más alto nivel no es el mejor sino el que más dinero tenga.

Este año la injusticia es con América que por su buena campaña, en la cancha no tendría que estar pasando por esta situación, pero el otro será con quienes suban y así sucesivamente. Ojalá los directivos de esos clubes mediocres entren algún día en modo innovador para poder encarar evidentes oportunidades de mejora como esta de una manera menos egoísta.

 

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