Por: Ana María Cano Posada

Medios a prueba

Qué examen tiene al frente el periodismo colombiano cuando está ahora en la mitad de una noche que promete despuntar en claridad.

Cómo no puede —ojalá no— sucumbir otra vez al acoso, al juego de quienes buscan echar por la borda el esfuerzo que parece más sazonado de lograr una reconciliación. Cómo no ceder con desidia al formato del crimen que ha sido rampante en la agenda informativa.

Dónde pueden los medios colombianos aprender de urgencia el acudir al matiz, cotejar sistemáticamente, buscar el contexto, las voces expertas, omitir con serenidad cada versión no confirmada, como su gran contribución al momento histórico...

Si en una primera prueba, acabado de firmar el acuerdo sobre ampliar el espectro democrático, las ruedas de prensa imperaron: el procurador pontificó en la Universidad de La Sabana; al rompe, el ministro de Defensa descubre un complot para atentar contra dos polos conceptuales del proceso de paz: uno en pro y otro en contra. Esta premura de acontecimientos desencadenó una sobrecarga informativa a la que hay que oponer análisis: sumar reflexión reporteril y editorial para no cubrir en caliente este momento de inflexión del país.

Es preciso acudir a Albert Camus y su lección de la importancia de la información adentro de la guerra para deshacer intencionadas manipulaciones. Lucidez, desobediencia, ironía y obstinación, pide a quien está al frente de buscar la verdad para confrontar rumores, especulaciones, confabulaciones que son el combustible que mantiene viva la llama armada. No servir al odio ni a la fatalidad. Ocupar con palabras el lugar del conflicto y poner en conocimiento los desacuerdos.

Un ejemplo del papel que los medios pueden tener en esta crucial circunstancia es el portal de Verdad Abierta, nacido a partir de la Ley de Justicia y Paz ante la imperiosa necesidad de sistematizar la información arrojada en indagatorias de los paramilitares, contrastar quién es quién, cuáles son los bloques y estar al pie de cada versión libre, lo cual sirve a la vez a los periodistas para no quedarse atrapados en la maraña de descargos, y a las víctimas, con su vida pendiente de este hilo. O la Comisión de Memoria Histórica, que ha recogido y sumado todas las fuentes posibles sobre lo ocurrido en la violencia reciente.

La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras ha abierto una enorme compuerta de voces, pero si la guerrilla entra al paisaje político, se triplica la complejidad informativa.

Se avecina, pues, un descomunal reto a los medios para materializar una apertura democrática. Con sólo permitir que lleguen a puerto las conversaciones con los oponentes, cumple una prueba. Y si capotea la guerra sucia de amenazas de atentados magnicidas como los vividos por Colombia en épocas aciagas, sin caer en rumores, complots, desmentidos y versiones incomprobables, es otro examen.

Los periodistas diestros para la inmediatez y el escándalo tendrán que, por una vez, no atravesarse en el camino y descubrir la ironía, la obstinación, la lucidez y la desobediencia de Camus. Vencer con verdad y conciencia el apremio y servilismo de los dueños del plomo y la plata.

Han sido años y generaciones de ignorar la historia de este largo conflicto colombiano y esta ignorancia lo ha retroalimentado. Aquí está la prueba final para ver de qué están hechos los medios de comunicación en Colombia, si alcanzan el punto de estar a la altura del momento de efervescencia y calor al encararlo con impávida lucidez.

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