Por: Humberto de la Calle

Medófilo

CIRCULA UNA CARTA DE MEDÓFIlo Medina, el historiador, dirigida a Alfonso Cano, jefe de las Farc.

Es un documento interesante, esclarecedor, civilizado. Permite el diálogo.

Hay muchas cosas con las que uno no está de acuerdo: le atribuye un peso desproporcionado a los problemas estructurales en la configuración del conflicto. Eso pudo haber sido cierto en el pasado, pero ahora el efecto de la organización ilegal frente a nueva riqueza es considerable. Hay una clara validación de la lucha armada. Se recuerda el discurso heroico sobre el origen de la insurgencia, aunque hay que reconocer que la visión actual se limita a reconocer la que llama “decisión de tomar riesgos y afrontar sacrificios en defensa de una concepción social y política”. En fin, campea en el escrito una visión histórica de lucha de clases y confrontación que, aunque tiene ingredientes ciertos, resulta insuficiente para el análisis contemporáneo del conflicto.

Pero lo verdaderamente valioso es la reflexión sobre el presente de la guerrilla. Una valoración hecha por alguien a quien no se puede descalificar por pertenecer a la derecha retrógrada.

La carta contiene un tratamiento bastante serio sobre los efectos nocivos de la “combinación de las formas de lucha”. En esto, el documento de Medina está en la línea  del libro Armas y urnas, de Steven Dudley, a quien tampoco se puede acusar de estar sesgado a favor de la derecha. De paso, en cuanto a la asociación con el narcotráfico, que Cano niega con fundamento en los “documentos y decisiones que nos rigen”, concluye que entonces en las Farc, como en el resto de Colombia, “la ley se obedece pero no se cumple”.

El segundo llamado es la reconocimiento de que las Farc, tras 47 años de guerra, no han logrado instaurar reformas sociales duraderas, ni siquiera en territorios donde han sido preponderantes.

A raíz del paro cívico de 1977, que Medina califica como una oportunidad perdida, sostiene la tesis de que las Farc no alcanzaron a entender la necesidad de cambiar su postura en beneficio de una política más urbana. El camino escogido, agrega, fue “insistir en las mismas estrategias de antes y darles la espalda a las nuevas realidades”.

Luego viene un análisis importante: sin abandonar el análisis histórico según el cual las causas de los fenómenos obedecen a situaciones objetivas y estructurales, agrega que la escogencia de caminos por parte de los actores también tiene relevancia. Y concluye que esta reflexión la hace con fundamento en “aquella sabiduría elemental según la cual las cosas que comienzan por voluntad de las personas también pueden acabarse por voluntad de las personas”.

Y, por fin, el meollo: a juicio de Medina, los dueños del establecimiento han utilizado la persistencia del conflicto como argumento central para mover el país a la derecha. Es una expresión valiente.

Medina concluye instando a Cano a buscar nuevos caminos. “Las potencialidades de transformación que los movimientos armados han podido crear en su larga historia germinarán solo cuando ellos logren ser parte efectiva y por tanto creíble de un movimiento democrático por la paz”.

 

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