Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Megaciudades invivibles

La semana anterior se adelantó el Foro Nacional Ambiental, donde se debatió respecto a las locomotoras planteadas en el Plan Nacional de Desarrollo y su relación con el cambio climático y la sostenibilidad del desarrollo.

Petro presentó su plan de gestión ambiental y expertos comentaron sus propuestas. El plan salió bien librado y se identificaron diversos aspectos que buscan hacer de la ciudad un espacio más amigable y menos vulnerable desde el punto de vista ambiental.

Es evidente que el acelerado crecimiento de la ciudad está planteando retos que muy difícilmente se podrán superar. La congestión y la movilidad pueden tener paliativos, pero si la ciudad sigue creciendo de la forma en que lo está haciendo, este será un problema sin solución.

Este fenómeno no es un problema exclusivo de Bogotá; todas las megaciudades de los países emergentes lo están viviendo. Ciudad de México, São Paulo, Lima y las grandes ciudades de China y Corea también lo viven. Las economías de escala que ofrecen los grandes centros urbanos se convierten en polos de atracción que generan un crecimiento acelerado que encarece y hace impotente a la administración pública. Educación, oferta y demanda laboral, producción y consumo se centralizan día por día. Para frenar esta dinámica, la única alternativa es una intervención que supere los límites de las áreas metropolitanas. Se requiere un acuerdo nacional que sume esfuerzos desde la Nación y la metrópoli y que tenga como objetivo frenar el crecimiento de la megaciudad, favoreciendo el armónico crecimiento de otras ciudades.

Santos y Petro tienen que ponerse de acuerdo, no para transferir recursos de la Nación a la capital, sino para generar incentivos y transferir producción, educación y capacidad de consumo a otras ciudades. Hay que redistribuir la riqueza si queremos hacer de Bogotá una ciudad. De lo contrario concentraremos la producción y el consumo y tendremos una muy mala calidad de vida. Hay que definir, desde el gobierno central y desde una perspectiva nacional, la política de poblamiento del país.

Para que las economías de escala y el libre actuar de las fuerzas del mercado no sigan centralizándolo todo, se deben generar incentivos para la reubicación de la producción y el desarrollo del mercado laboral en otras ciudades. Con los tratados de libre comercio se abre una oportunidad para que las ciudades cercanas a los océanos tomen fuerza. Es absurdo que se creen zonas francas en Bogotá y sus alrededores. Esta es una herramienta para las ciudades cercanas a las costas, pero no para el centro del país.

Quizá incluso debamos pensar si es necesario provocar la migración de las grandes universidades. Hoy todos los que pueden, migran a Bogotá para estudiar, luego buscan empleo y crían familia en la capital. Se concentra la oferta de mano de obra calificada y se centraliza el mercado laboral.

Bogotá y su área metropolitana no pueden pretender solucionar todo de manera endógena, desde el interior de la megaciudad. Es necesario hacerlo desde una perspectiva de país. La planeación es la herramienta para intervenir algunas tendencias que genera el mercado y que no son deseables. Estamos a tiempo para volver a descentralizar el país y evitar problemas como los de São Paulo o Ciudad de México.

 

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