Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Megalópolis: motores del mundo

En octubre de 2018, el McKinsey Global Institute publicó el documento Superstars: The dynamics of firms, sectors, and cities leading the global economy. Después de analizar las 3.000 ciudades más grandes, que representan el 67 % del PIB mundial, seleccionaron 50 como superestrellas que, en números, constituyen un fenómeno impactante: albergan el 8 % de la población mundial, el 21 % del PIB global, el 37 % de los hogares urbanos de ingresos altos y el 45 % de las sedes de empresas con más de US$1.000 millones de ingresos anuales. Ahora bien, el fenómeno ha superado a las metrópolis para desafiarnos con lo que denominan megalópolis.

Mientras aquí continuamos engolosinados en discutir si Bogotá y sus alrededores son o no son una ciudad-región, el resto del mundo se reconfigura. Jean Gottmann, en su libro Megalópolis (1961), definió este concepto para caracterizar esa nueva realidad: las metrópolis habían sido sobrepasadas por el surgimiento de una red de mayor amplitud que iba más allá de las grandes ciudades. El desarrollo ha llevado a que este fenómeno, constituido por redes o corredores de zonas entrelazadas, traspase fronteras no solo locales sino internacionales. Un reporte de Euromonitor International (2019) identifica 20 megalópolis en el mundo (una en Latinoamérica, tres en Europa, siete en Asia-Pacífico y nueve en Norteamérica), las cuales concentran el 35 % del PIB global. Dato suficiente para generar una reflexión sobre los diseños de política internacional tanto en lo político como en lo económico, financiero y comercial. Lo evidente es que las realidades nos están llevando por rumbos distintos a los del Estado-nación que sigue siendo nuestro referente.

Manuel Meireles y Cida Sanches (Revista Brasileira de Gestão Urbana, 2018) se refieren al término megalópolis como “una creciente forma de organismo físico y socioeconómico resultante de aglomeraciones urbanas que requieren gobierno y administración bien definidos”. Los efectos generados por estos nuevos actores, diversos y complejos, no son nuevos. En el siglo XIII, por ejemplo, el mundo se relacionaba por medio de ocho circuitos, incluidos el de Brujas-Génova-Venecia, el de Alejandría-Cairo-Adén y el famoso de Constantinopla-Samarcanda-Beijing.

Las nuevas megalópolis sorprenden. La mayor, formada por el eje Boston-Washington que incluye a Nueva York, con un PIB per cápita de US$76.681, es la cuarta economía del mundo, solo superada por Estados Unidos, China y Japón. Las nueve que siguen son estas: Dallas-Houston-Austin (US$66.685), Chicago-Detroit-Pittsburgh (US$64.742), Los Ángeles-San Diego (US$64.727), París-Amsterdam-Múnich (US$57.586), Hong Kong-Shenzhen (US$53.487), Londres-Leeds-Manchester (US$52.080), el Gran Tokyo (US$46.036), Seúl-Busan (US$37.324) y Beijing-Tianjin (US$32.781).

Entre estos motores de la economía mundial, solo São Paulo es latinoamericana y no se vislumbran nuevos desarrollos en el vecindario. Mientras, al otro lado, en China, se espera que en el inmediato futuro se consoliden unas 13 megalópolis más. ¿Seremos capaces de reaccionar?

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2020-01-13T00:00:45-05:00

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Megalópolis: motores del mundo

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