Por: Cartas de los lectores

Lo mejor del premio Nobel

Lo mejor del premio Nobel

Es natural que hayan corrido ríos de tinta con motivo del premio Nobel de la Paz 2016 al presidente Juan Manuel Santos, la mayoría positivos y objetivos, sin caer en lugares comunes o en una repetición interminable. Por eso me permito destacar dos excelentes artículos: el primero, escrito por Héctor Abad Faciolince en la edición dominical de El Espectador (11-12-16), y el segundo, el de Antonio Caballero en la revista Semana.

Con respecto al perfil que hace Abad del presidente, sintetiza de manera magistral, porque lo hace a manera de actos de una obra de teatro, el camino recorrido por Juan Manuel Santos en su empeño de conseguir la finalización del conflicto y nos presenta cómo los Nobel que ha obtenido Colombia se entrelazan en las palabras de los discursos de los galardonados. Tantas veces se ha citado el párrafo final de García Márquez cuando expresó que las estirpes colombianas habían sido condenadas a no tener una segunda oportunidad sobre la tierra y después de 34 años somos testigos de excepción para vivir esa esquiva segunda oportunidad a través de los acuerdos de La Habana, con un toque final que nos llena de alegría, cómo no, porque es un reconocimiento al pueblo colombiano.

Es un sentimiento un tanto parecido a cuando la selección de Colombia nos alegra con sus goles. Es innegable que se despiertan una alegría y un gusto indescriptibles, espontáneos y que, nos guste o no reconocerlo, inciden en el estado de ánimo de la gente. Hoy no se puede negar que, en medio de un grupúsculo de personajes y seguidores que se ponen verdes de la envidia y sacan lo peor de su condición humana, los colombianos podemos sacar pecho en cualquier parte del mundo y, por supuesto, con el compromiso del día a día con el éxito de la implementación de los acuerdos.

Para quienes estudian periodismo o quieren ser periodistas, para quienes aspiran a convertirse en escritores en diferentes temas, la pieza de Héctor Abad Faciolince se convierte en una excelente lección de vida para expresar con objetividad, criterio y elegancia el pensamiento.

Por su parte, el artículo de Antonio Caballero, quien nos tiene acostumbrados a la acidez y a la verdad, lo que escribió en Semana sobre el significado del Nobel es de una gran profundidad que no se puede ignorar. Es interesante porque hace un recuento histórico y justo sobre los antecedentes del momento que vive el país. Y en el fondo es de un gran optimismo.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

 

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