Mejor epicentro que centro

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Desde mi cuenta de Twitter he dicho que el progresismo a la colombiana explicito en las propuestas programáticas y en la práctica política de los coalicionados en Colombia Humana, no puede ubicarse esquemáticamente ni en la Izquierda ni en el domesticado centro, porque en realidad son el epicentro de un torbellino ideológico pluralista y renovador. Lanzo esta sátira a guisa de confrontación a los comunicadores del establecimiento y también a los que fungen de politólogos independientes que por inercia supina clasifican las partidos políticos sobre el esquema de derecha, de centro y de izquierda, con lo cual también sustentan los defensas conceptuales del Statu quo rigente.

La historia señala que los términos “Derecha” e “Izquierda” se originan en 1789 a inicios de la Revolución Francesa cuando en la asamblea nacional la aristocracia y el clero se ubicaban a la derecha del presidente y los patriotas del Tercer partido a la izquierda. Ya en el siglo XX, consecuente con las tensiones geopolíticas de los imperios en Guerra Fría, se infundió en el imaginario popular le idea elemental, que aún persiste, de que los partidos de ideología comunista son de Izquierda y los capitalistas son de Derecha. Pero luego, generaciones con nuevas conciencias forjadas a la sazón de sucesos trascendentales como las protestas de mayo de 1968, la disolución de la URSS y la Perestroika como factor de renovación socio económica, la caída del muro de Berlín, el movimiento hippie, el posicionamiento global de las culturas latinoamericanas, asiáticas y africanas. Todo lo cual, constituyó un sismo internacional que replanteó paradigmas morales e ideológicos y permitió el empoderamiento de minorías culturales y étnicas históricamente excluidas de la participación democrática. Desde entonces proliferan corrientes políticas de diversa índole, por obvias razones, mayoritariamente partidos alternativos de los sectores víctimas de regímenes totalitarios o desfavorecidos por las élites hegemónicas, pero también surgen movimientos conservaduristas, extremistas defensoras de la moral y las primacías oligárquicas. Ante esta oleada alternativa los poderes tradicionales defenderán su Statu quo, normatizando a su antojo las dinámicas democráticas. Por ejemplo, EEUU que se jacta de poseer la mejor democracia del mundo, instituye el bipartidismo legando los poderes a Demócratas y Republicanos, no obstante reconoce partidos alternativos no arriesga en ellos la gobernabilidad del imperio.

Ante la profusión de partidos alternativos, los poderes eclesiásticos, económicos, oligárquicos, militares, plutocráticos defienden su supremacía fomentando el que los sistemas de su conveniencia normatizen la participación democrática con pautas suplementarias a lo constitucional y legislativo, desde la academia y desde la opinión mediática, así surgen facultades de ciencias políticas formadoras de los gurús idóneos para caracterizar lo peligroso y lo indebido para su noción de sana democracia.

Entonces, si el partido gobernante decide que los servicios básicos los oferten empresas privadas y no el Estado, acusará de populistas a los de la oposición que defienden lo público y propugnan por el subsidio o la gratuidad de la salud, de la educación, de agua potable, etc. Y si no transigen a los preceptos de mercado libre, se les culpara de atizar la peligrosa polarización de la sociedad. Al mismo tiempo se da la polarización desde los radicalismos derechistas, populismos morales y religiosos que cumplen fanáticos evangélicos, supremacistas, xenófobos, de ahí se genera la opción de centro, como una alternativa para propuestas políticas moderadas, conciliadoras, supuestamente instancia de consenso que acoge lo mejor de los polos irreconciliables. Si duda una amalgama ideológica de quienes tarde o temprano desembocarán en aguas convenientes, porque en la práctica no es antídoto contra las demagogias, las falsas promesas, la manipulación de conciencias, las prácticas corruptas.

En Colombia los partidos Liberal y Conservador fuero secular de familias oligarcas, aristócratas y gamonales, que desde el inicio de la República gobiernan el país como su feudo, y al antojo de sus mezquindades pusieron al pueblo en enfrentamientos mortal, atizando la Violencia como estrategia para mantener su hegemonía. Y, a mediados del siglo pasado nuevas generaciones de la naciente burguesía, educadas en Europa trajeron las ideas de vanguardia, los de élite con aspiraciones políticas proponen desde el bipartidismo; los de clase media sin abolengo infunden sede la academia teorías comunistas e ideas revolucionarias. Desde el liberalismo el avezado y descarriado Jorge Eliécer Gaitán encumbró un liderazgo de caudillo que por sus ideas peligrosas para la oligarquía lo asesinaron. En efecto el magnicidio partió en dos la historia política del país, Liberales y Conservadores paliaron la Violencia que ellos mismos provocaron pactaron turnarse en el gobierno durante dos décadas, luego, de las mayorías inconformes surgieron movimiento de ideología, ahí si explícitamente izquierdista que influidos por el triunfo de los revolucionarios comunistas en Cuba se empoderaron como oposición organizándome en

partidos políticos respaldados en el monte por guerrillas, convencidos de que no bastaba la disputa democrática, para derrotar las hegemónicas debían tomarse el poder por las armas. Por cierto, en las capitales y en provincias la profesión de inconformes era notoria en París, en huelgas en manifestaciones de estudiantes y de gremios, por ello los partidos que abanderaban las demandas populares fueron brutalmente perseguidos por la fuerza pública al colmo que la Unión Patriótica, que en su auge demostró tener electorado significativo, fu exterminado sistemáticamente, fuerzas oscuras mataron uno a uno a todos sus miembros.

A buena hora, cuando el narcotráfico acabó de destrozar la institucionalidad y se hizo evidente la inocuidad de los poderes y latente el caos social, la ciudadanía presionó una constituyente, fue un lapso de sensatez, momento de consenso con el que se logró, en 1991, la Nueva Construcción que establece el Estado Social de Derecho, con autonomía de las regiones, democrático, participativo y pluralista. Por lo cual el bipartidismo advierte su caducidad, se apuran a mimetizarse en la modernidad, Los líderes prominentes fundan nuevos partidos en los que congregan caciques politiqueros de las regiones y magnates de monopolios empresariales. De otros lados, las iglesias cristianas, comunidades indígenas, grupos ambientalistas entre otros que se crean según la oportunidad. En la Izquierda, persisten los sobrevivientes de la UP con presencia en algunas regiones al lado de reductos del viejo PC y el Motor, aún dispersos, a duras penas han logrado curul en el congreso, concejales y alcaldes regionales.

Lo mejores logros electorales de la Izquierda los obtiene en este siglo el Polo, partido resultante de la alianza plural en torno a la apuesta democrática de los desmovilizados del M19. Ponen congresistas, diputados, concejales, ediles, alcaldes en cabeceras municipales y en dos ocasiones sucesivas el aclare mayor del Distrito Capital de Bogotá.

Entre tanto las entrañas del país ensangrentadas, son a la vez campo de batalla y botín de batallones narcotraficantes, paramilitares, usurpadores de tierras, guerrilleros ahora codiciosos sin ideología y del ejército servil a terratenientes.

Justo entonces, el capataz de capataces, representante sin agüero de poderosos píos e impíos, se yergue de entre las bandolas politiqueras como líder salvador de la patria. Con mayoritario voto mesiánico es elegido presidente el caudillo guerrerista, imponiendo un gobierno parcializado hacia los ricos e indolente con los pobres, con inescrupuloso autoritarismo infundió su infausta mentalidad, reformó lo que quiso de la Constitución y se hizo reelegir a sangre y fuego.

No obstante el miedo que sustentaba el gobierno infausto, del lado de la izquierda se bruñía un líder valiente, que desde el congreso denunció a corruptos secuaces del mandatario y sus prácticas ominosas. Me refiero a Gustavo Petro, cuya trayectoria política, y su demostrada preparación como estadista, mereció que le eligieran alcalde mayor de Bogotá y como candidato a la presidencia en las pasadas elecciones, 8 millones de colombianos votaron creyendo en sus propuestas, y en su honestidad.

Ahora,, gobierna el que dijo el capataz Uribe y el partido Centro Democrático en el gobierno avisa que no escatimar en saña y mala para mantenerse en el poder. Está claro que Colombia Humana, el partido que lidera Petro, compite con posibilidades de triunfo. Dado que se viene una contienda electoral entre rotundos opuestos, los politólogos mediáticos y académicos promulgan por alternativas intermedias, candidaturas de Centro, solución para la ingobernabilidad resultante de elecciones polarizadas.

Se asoman a la contienda candidatas aparentando moderación, ajustando propuestas conciliadoras o más bien complacientes, todo para aparentar ser del conveniente Centro, tan farto e inocuo como la música estilizada.

En cambio, hace rato que Gustavo Petro es el que está poniendo los temas que jalonan las campañas. A regañadientes, pero obligados, las otras campañas terminan acogiendo las propuestas de Colombia Humana. Porque corresponden a los replanteamientos de la noción de desarrollo, de las éticas de la economía de mercado y etcétera de cambios que como un ciclón pertinente sopla cambios en todo el mundo, y aquí el movimiento Colombia Humana, liderado por Gustavo Petro es el vórtice. Verbigracia el Pacto Histórico como instancia cohesionadora de líderes y lideresas, de programas e ideas, de grupos, movimientos y partidos, es poner en práctica el respeto a la pluralidad. No puede encasillarse en el Centro que tanto afana a los politólogos, sobre todo de la aristocracia. Acaso porque está visto que su fuerza es de Epicentro.

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