Por: Beatriz Vanegas Athías

Mejor escribo sobre Roberto Burgos Cantor

Pensé inicialmente escribir esta columna sobre la evidente caída del capitalismo, representado en los exabruptos de Bolsonaro que ha permitido el incendio del corazón del mundo. Luego me dije: escribiré sobre esa encarnación de lo patético y del cinismo máximo que fue la entrevista que le hizo la periodista Vicky Dávila en la W al senador Álvaro Uribe en la que ella se mostró igual de servil y él incoherente y desacertado atacando a todos para defenderse de la inminencia de un llamado a indagatoria.

Pero no, mejor escribo sobre un caballero. Ahora que se aproxima el 16 de octubre, fecha del primer aniversario de la muerte de Roberto Burgos Cantor, el gran escritor de Cartagena de Indias que se autodenominaba: “Caballero yo, de la orden de Constancia Cantor”. Constancia Cantor, la madre que crio a un hombre caribe educado, suave, de buenas maneras, fervoroso de la amistad porque se sostenía en la lealtad. Una madre a quien Roberto considera “Un ejemplo de austeridad, rigor y ternura que ha preservado mi alma de la catástrofe diaria de sobrevivir sin envilecerse”.

Tuve la fortuna de conversar en agosto de 2018 con él cuando estuvo invitado a Ulibro, le feria que organiza para el nororiente colombiano la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Durante esa conversación supe que, por ejemplo, de su obra profunda y humana se encargó de convertir al mar en una realidad sobre la que reflexionó a través de un lenguaje absolutamente poético, al punto de que otro tema protagonista de sus novelas es el lenguaje. Roberto Burgos Cantor escribió y reflexionó un mar amoroso que alberga a unos seres cuyo destino y horizonte es el mismo mar. El mar es la vida y el destino.

Roberto Burgos Cantor volvió al patio que había inaugurado Héctor Rojas Herazo en “Celia se pudre”. En su inicial libro de cuentos Lo Amador (1981) y también en El patio de los vientos perdidos, este sitio abierto, amplio, poblado de árboles frutales y de aves caseras y otras más libres es el lugar donde transcurre el mundo, es el gran teatro donde los personajes ejercen la trama de la amistad y la solidaridad. En el patio narrado por Roberto Burgos Cantor ocurre la oración por estar vivos, la oración porque apareció la muerte; la carcajada, el chiste, las tragedias diarias. Pero ante todo es el escenario de la convivencia y la solidaridad entre amigos y familiares, allí está el lazo que une a los compañeros de la vida.

Roberto Burgos Cantor nos legó una obra en la que el lenguaje es protagonista. Era él un ser que vivía entre el mar, el patio, las grandes mujeres de sus novelas y el lenguaje de la poesía para narrar y reflexionar un mundo, por eso dijo muchas veces: “Lo que hace un escritor en la vida es la construcción de un estilo. Todo lo demás está dicho, narraciones de muertes, amores, odios, guerras y traiciones. Lo que no está dicho es la forma como tú lo vas a decir. Lo que una forma expresa y revela es distinto de lo que otra forma expresa y revela. De allí surge el regocijo. Así he seguido trabajando”

Supe también que el libro preferido de toda su obra es Pavana del diablo, que lo escribió estando fuera del país y en el que justamente la ausencia del arraigo, la lejanía del Caribe lo surtió y alimentó para narrar y reflexionar sobre la infancia que en sus libros no sólo es sólo caribe sino universal.

Mañana miércoles en Ulibro, la Feria del Libro que organiza la Universidad Autónoma de Bucaramanga, se le rendirá un homenaje a quien hace un año también estuvo allí. Es la hora en que los lectores de este país que vive en manos de seres sin imaginación y replicadores de lugares comunes lean y vivan libros tan esenciales de nuestra literatura como “La ceiba de la memoria” o como “Ver lo que veo” el libro maravilloso con el que justamente el año de su muerte ganó el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura, un libro que pone al idioma español a decir con belleza, el horror y el miedo de la infelicidad de los desplazados y la devastación de los quebrados.

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