IV Encuentro de Liderazgos LGBT: A enfrentar el conservadurismo religioso

hace 19 horas
Por: Ignacio Zuleta

Mejor sudor de madre que leche de madrastra

Trump y sus políticas nos tienen literalmente hasta las tetas. En la última reunión de la OMS en Ginebra, citada en The New York Times el 8 de julio, había un enorme consenso mundial sobre la importancia de promover la lactancia materna especialmente en los países pobres. La disposición era obvia: la leche materna es la solución más saludable para los niños y había que tomar medidas para evitar la promoción inadecuada —usualmente engañosa— de los sustitutos. En la reunión, sin embargo, los delegados de los EE. UU. entorpecieron la decisión argumentando la “libertad” en la escogencia de las madres.

Nadie se comió el cuento: la industria de las fórmulas lácteas vale unos US$70.000 millones; y como en los países desarrollados están regresando a la lactancia natural, las expectativas y miras de los productores de polvos y potajes estaban puestas en los mercados manipulables del tercer mundo. Los delegados de la administración Trump llegaron a chantajear a Ecuador si aceptaba la frase “proteger, promover y apoyar la lactancia materna”, y Ecuador se amedrentó ante posibles retaliaciones comerciales. Pero el chantaje también alcanzó a lanzarse contra la misma OMS, que recibe de los EE. UU. unos aportes financieros vitales. Lindo estilo. La resolución se salvó por el voto de Rusia, vea usted, que dejó a los opositores mamando sus bolígrafos.

El matoneo, por definición, desafía el sentido común: la sabiduría popular, puesta en moderno en un informe de The Lancet, nos cuenta que la lactancia materna universal podría prevenir 800.000 muertes infantiles al año en todo el mundo y generar un ahorro de US$300.000 millones por reducción de costos de atención a la salud. La leche materna crea anticuerpos; protege al niño del riesgo de asma y alergias, incrementa el desarrollo cognitivo, es profilaxis para enfermedades respiratorias, ajusta la oclusión, evita el riesgo de contaminación por leche artificial adulterada, nutre cabalmente… y sigue un gran etc. Desde luego lactar es también de enorme beneficio para la madre, así que este acto natural, cuando es posible, es siempre un gana-gana.

En Colombia los movimientos para la promoción de la lactancia materna —que según las activistas ortodoxas debería denominarse lactancia humana pues los hombres pueden desarrollar el don de leche— ha crecido. Las políticas de salud son razonablemente adecuadas, las leyes laborales para la madre han mejorado, hay 15 bancos de leche materna en el país que podrían reemplazar los sucedáneos por leche de verdad y un consenso general de que no hay verdaderamente sustitutos, aunque las vendedoras de fórmulas se disfracen de enfermeras y los pediatras vendidos recomienden precozmente los polvos enlatados. No falta la despistada que se deje llevar por las ofuscaciones de la publicidad, la pereza de amamantar o el mito de que se le dañarán sus puchequitas con tanto chupachupa; pero en general el asunto va bien encaminado. Y ojalá, a ver si podemos decir con García Lorca: “Nuestro ideal no llega a las estrellas, es sereno, sencillo; quisiéramos hacer miel como abejas, o tener dulce voz o fuerte grito, o fácil caminar sobre las hierbas o senos donde mamen nuestros hijos”.

 

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