Por: Andreas Forer

Mejor tarde que nunca

Parte de la crítica al proceso de Justicia y Paz se ha concentrado en tres temas: la impunidad en casos de violencia sexual; la falta de resultados dada la escasez de sentencias en el proceso; y, los problemas estructurales del procedimiento previsto en la Ley de Justicia y Paz.

Acerca de la imputación de delitos relativos a violencia sexual, he celebrado en una columna anterior la forma como actuó la Corte Penal Internacional en el caso de Jean Pierre Bemba, quien está siendo procesado por su responsabilidad en delitos como tortura y violación que no cometió directamente, pero sí los hombres de la milicia que él comandaba. Esta vez, celebro que en el Proceso de Justicia y Paz, el pasado 20 de junio se formuló imputación contra Salvatore Mancuso por 25 hechos relativos a violencia sexual, en calidad de ‘coautor mediato’, es decir que, como en el caso Bemba, Mancuso no actuó directamente pero sí es responsable de los hechos por ser el comandante de la organización paramilitar cuyos miembros perpetraron los crímenes.

Este hecho tiene bastantes aspectos positivos. En primer lugar, implica que en Colombia, finalmente, se está reconociendo que la violencia sexual sí ha sido usada como un arma de guerra, un hecho denunciado desde tiempo atrás por organizaciones víctimas, pero que no había sido reconocido en un escenario judicial. En segundo lugar, demuestra que Colombia está siguiendo los estándares del derecho penal internacional en materia de crímenes de guerra, es más, se están adelantando actuaciones judiciales por estos crímenes, lo cual, en sí mismo es sinónimo de justicia en los términos del Derechos Internacional. En tercer lugar,  se está saldando una deuda histórica con las víctimas de ese tipo de conductas, quienes no habían encontrado eco en la Justicia nacional, y en cambio, aguardaban detrás, en el incómoda sombra de la impunidad.

En cuanto a la falta de resultados en el proceso de Justicia y Paz, es meritorio que se cuente con una nueva sentencia, se trata del caso de Aramis Machado, desmovilizado del frente ‘Fronteras’ del Bloque Catatumbo quien fue condenado a la pena alternativa 6 años de prisión. No obstante, debo acotar que en este caso la buena noticia es parcial, pues esta sentencia, mantiene problemas que han sido objeto de crítica en otros momentos, como el hecho que se condene por delitos que no develan la gravedad del conflicto. Valga aclarar que Machado fue condenado por los delitos de concierto para delinquir agravado, fuga de presos, fabricación, tráfico de armas y municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones.

Finalmente, celebro que se encuentren preparando y, según se dice, se va a presentar, un proyecto de Ley mediante el cual se reforma la Ley de Justicia y Paz (noticia divulgada en los medios de comunicación esta semana), lo cual sería una oportunidad para que los problemas estructurales del proceso, que algunos interesados en el mismo han divulgado desde 2008, clamando por reformas y proponiendo salidas, sean resueltos y se empiece a poner fin a una época de ensayos y errores donde el país, ni siquiera sacrificando la justicia ha conseguido la paz.

Estos ejemplos dan cuenta de la evolución de Justicia y Paz y en especial, de un hecho bastante llamativo y es que con el tiempo, poco a poco, los actores involucrados, han sabido convertir los fracasos del proceso en conquistas. Si esto sigue así, quizá, no podremos afirmar que con este proceso se ha conseguido la paz, pero sí, que a seis años de su inicio estamos más cerca de alcanzarla.

Es un fin de semana optimista para la paz en Colombia.

En Twitter: @andreasforer

Buscar columnista