Por: Oscar Guardiola-Rivera

Memoria

La semana pasada, el presidente de la Confederación Chilena de Estudiantes, Gabriel Boric, anunció la realización de una serie de actividades de movilización y protesta con el fin de solicitar al Gobierno la renacionalización de la explotación y comercialización del cobre.

Los estudiantes afirman que al menos una parte de las cuantiosas ganancias que hoy dejan el país por cuenta del principio de retorno inmediato de utilidades, podrían ser reinvertidas en el sistema educativo del país. Ello haría posible avanzar hacia el objetivo de una educación superior que no condene a las nuevas generaciones a una forma contemporánea y vitalicia de esclavitud por deuda.

De manera inteligente, los estudiantes han conectado dos extremos de un sistema económico cuya injusticia ponen en evidencia al mismo tiempo. De una parte, han hecho aparentes las consecuencias de la escasa independencia económica de los países cuyo destino consiste en observar la manera en que las ganancias provenientes de la explotación de sus riquezas naturales, en este caso el cobre, terminan siendo acumuladas en el exterior sin mayores beneficios para sus poblaciones. De la otra, denuncian los efectos individuales y colectivos de una vida social basada en el endeudamiento.

Como sabemos por lo ocurrido en Europa, el intento de reorganizar la economía mediante el endeudamiento de los consumidores termina produciendo deudas colectivas que debilitan a los bancos y a los gobiernos obligados a salir en su defensa. En lo individual, ello significa pagar la deuda con la propia vida.

Los estudiantes chilenos han explicado que coordinarán sus acciones con el sindicato de trabajadores del cobre. Este es el mismo movimiento estudiantil que en el 2011 saltó a la escena internacional liderado por la carismática Camila Vallejo. Ha madurado, y su nueva estrategia es significativa. La última vez que se nacionalizó el cobre en Chile fue durante la administración de Salvador Allende, quien al hacerlo terminó enfrentándose a la furia de los Estados Unidos, las ultraconservadoras élites chilenas y el ejército golpista.

Bajo la dictadura de Augusto Pinochet, cientos de miles fueron asesinados, desaparecidos, exiliados y torturados. Fue esa violencia sin límite la que abrió el camino al sistema económico que en Chile ha privatizado por completo la educación superior, y ha empujado al resto del mundo al borde de un cataclismo económico, social, y político.

La nueva estrategia de los estudiantes chilenos enfatiza el origen ilegítimo de ese sistema, tanto como sus consecuencias injustas, que ellos sufren. Pero no se reduce a criticarlo, sino que también propone una alternativa constructiva que al tiempo constituye un reto político a una generación anterior que creyó poder borrar de su memoria el recuerdo de Allende.

 

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