Por: Ciudades invisibles

Memoria urbana

Mientras el Ministerio de Cultura dilapida miles de millones en un show populista en Washington, aquí poco se ocupa de nuestras ciudades.

Ni siquiera de Cartagena o Mompox, que son Patrimonio de la Humanidad. Al parecer no se han enterado aún de que en la actualidad las ciudades son los bienes de interés cultural mas importantes del país.

Los monumentos, edificios, calles, avenidas, plazas y parques no son apenas lo que queda en el presente de las ciudades del pasado, sino que evocan hechos históricos, pues fueron su escenario, como lo continúan siendo de los actuales (Lewis Mumford, La cultura de las ciudades, 1938). Tal es el caso de la Avenida Colombia en Cali, originalmente un paseo, que quieren convertir ahora en un desproporcionado e inútil malecón. En las ciudades la memoria urbana se alimenta del recuerdo cotidiano de un pasado que insiste en estar presente, por parte de unos ciudadanos que lo son porque comparten recuerdos comunes.

Los edificios y espacios urbanos inscritos en un entorno natural, muy presentes en las ciudades andinas como Bogotá, Cali o Medellín, son hitos de nuestra memoria urbana y por eso no conviene demolerlos. Por lo demás, no es sostenible hacerlo dada la inversión económica y energética ya hecha, nada despreciable para una sociedad. Es justo por razones de memoria, que también es un error pretender que las nuevas construcciones se diferencien totalmente de las anteriores, como quieren hacerlo pretenciosamente con el Parque del Bicentenario en la capital. Así como una agrupación de individuos lleva a una “cultura”, cierta homogeneidad urbana produce unos ciudadanos pues genera una memoria colectiva. De ahí la importancia de lograrla de nuevo en nuestras ciudades, para unir de alguna manera sus gentes provenientes de diversas subculturas. Y, a lo mejor, resultando de ello nuevas obras de arte colectivo.

Benjamín Barney Caldas.

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