Por: Gustavo Páez Escobar

Memorias de paisas

José Jaramillo Mejía nació en La Tebaida, vivió en Montenegro y Circasia, y desde 1978 reside en Manizales, donde es columnista de La Patria y ha escrito 18 libros en los géneros de la crónica, la historia, la poesía y la biografía. En la capital caldense se vinculó a actividades comerciales, financieras y culturales, y hoy en la etapa de la jubilación su oficio primordial es la escritura.

Acaba de publicar el libro titulado Las trochas de la memoria, que lleva como subtítulo Historias de la segunda colonización antioqueña. Está dedicado a sus ancestros, las familias Jaramillo Guzmán y Mejía Palacio, “cuyos títulos nobiliarios no han sido otros que las manos encallecidas por el trabajo”.  

La colonización antioqueña, iniciada a finales del siglo XVIII y que llegó hasta comienzos del XX, es uno de los hechos más destacados en la historia del país. Representó la movilización de núcleos familiares hacia Antioquia, y de allí a los hoy departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, el norte del Valle del Cauca y del Tolima. Su propósito era descubrir y cultivar nuevas tierras, afincar a sus familias y encontrar medios de vida.

La que el escritor quindiano-caldense llama segunda colonización antioqueña se produce con la migración, desde el suroriente antioqueño, de su padre, don Ernesto Jaramillo Guzmán, su madre y sus hermanos. Él llega en 1924 a La Tebaida,  donde adquiere una casita y un local e instala una tienda de abarrotes. Al año siguiente regresa a Antioquia para casarse con Elvira Mejía Palacio, unión de la que nacen varios hijos y da paso a nuevas generaciones.     

Más adelante, don Ernesto compra una finca en Montenegro y luego se traslada a Circasia. En este tránsito laborioso por el territorio quindiano empeña sus mayores energías como comerciante, agricultor, criador de bestias y hábil negociante de ganado. Esto le permite levantar una familia formada dentro del apego al trabajo y los sanos principios.

Junto con él, otras familias antioqueñas se desplazan por la geografía regional y los territorios aledaños. Están identificadas por los mismos ideales del trabajo arduo y honrado y el ánimo de progreso. Así van poblando las tierras, impulsando los negocios y ensanchando la esperanza.

Bien claro, entonces, queda el criterio de la “segunda colonización” que inspira este libro de memorias salido de la pluma amena de Jaramillo Mejía. Rindiéndoles tributo a sus ancestros, recoge en sus páginas pequeñas y grandes historias que se van esparciendo por el entorno al paso de los colonizadores por las tierras de sus fatigas y sus ensueños.

Este libro es la historia general de numerosas familias vinculadas a un propósito común, y que llevan en la sangre la marca de la raza antioqueña, que lo mismo puede estar ubicada en Antioquia, Caldas, Risaralda o el Quindío. Como dice el autor en entrevista con La Patria, “cámbiele el apellido y es el mismo cuento”.

Por lo demás, hay que celebrar, cómo no, el fino humor, la gracia, la imaginación y el ingenio con que Jaramillo Mejía, con lenguaje grato y descriptivo, matiza sus recuerdos y rescata estos trozos de historia. Son como brochazos sobre el paisaje que pintan la idiosincrasia regional y enaltecen los hábitos y las virtudes de su gente. 

escritor@gustavopaezescobar.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gustavo Páez Escobar