Por: Gustavo Duncan

Menos ideología

HASTA EL MISMO PRESIDENTE URIbe utiliza como figura retórica para descalificar a la guerrilla el argumento que ya no tienen ideales sino que su única justificación es la codicia por los recursos de la droga.

Algo similar ocurre para descalificar a la nueva generación de paramilitares: “Ya no son paramilitares genuinos porque no tienen ideales antisubversivos, sólo se dedican al narcotráfico”.

La realidad es que la crisis colombiana no se explica desde grandes elaboraciones ideológicas. Más aún, las lealtades y las afiliaciones de la población a uno u otro actor armado pueden no tener un fundamento ideológico claro, pero no por eso están basadas en premisas políticas coherentes. La opinión debería preocuparse menos por la ideología y tratar de comprender los motivos por los cuales muchos habitantes del país aceptan los términos de dominación de guerrilleros, paramilitares, políticos corruptos y mafiosos.

Mucho más significativo que las ideas en abstracto sobre un proyecto de sociedad o de modelo político son una serie de bienes y servicios que transforman en concreto la vida diaria de los ciudadanos. Sobre todo porque en Colombia la categoría de ciudadanos aplica de manera muy diferente de acuerdo con la condicional individual y geográfica de cada quien. Si consideramos por ejemplo a aquellos habitantes de un municipio donde el Estado a duras penas hace presencia, es seguro que poseer algún tipo de protección y garantías a la vida por parte de algún grupo armado sea más importante que los principios liberales, los ideales del Partido Conservador o las premisas de justicia social del Polo Democrático. De hecho, la ideología es un lujo en un contexto donde cualquier declaración o confusión sobre las lealtades de los habitantes pone en riesgo la existencia. Allí es más importante la protección y algún tipo de orden y quien la provea se gana la lealtad política de la población, aunque sea a la fuerza.

Por eso es que la seguridad democrática del presidente Uribe ha sido tan exitosa. Muy al contrario de como afirma la izquierda que sólo ha servido para que los ricos vayan a las fincas, los logros en materia de protección de la población han cobijado a muchos ciudadanos que si bien no han salido de la pobreza absoluta pueden al menos vivir sin temor de ser eliminados. Así persistan problemas de desplazamiento, expropiación de tierras, falsos positivos, etc., muchos colombianos han resuelto su problema primordial: el riesgo a caer abatido en medio del fuego confuso entre el Ejército, los paramilitares y las guerrillas.

Pero no todo es seguridad y protección. Sin mayores elaboraciones ideológicas, narcotraficantes y políticos corruptos son capaces de proveer bienes esenciales para la población. Internet, celulares, electrodomésticos, entre otros elementos de consumo masivo, llegan a las zonas pobres del país gracias a la mediación y el control político de actores ilícitos. Estos elementos se constituyen en parte fundamental de una nueva forma de vida y de orden social que se ha impuesto sin importar la naturaleza criminal de quienes surten su consumo. Los ciudadanos de estas regiones tienen más que perder si le quitan en concreto el respaldo a políticos y mafiosos y deciden aportar por programas ideológicos en abstracto.

 

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