Por: Cartas de los lectores

¿Menos sueldo para los jóvenes?

Escribo no como una columnista, crítica o gran pensadora, sino como una simple mamá colombiana. ¿Cómo es posible que pretendan que se les pague menos a los jóvenes? ¿Están locos? ¿Acaso se les olvidó lo que es ser estudiante? Ser estudiante es un sueño solamente, la universidad es de donde se agarran los soñadores que no tienen nada más sino solo eso, un sueño en blue jeans y morral o mochila, un montón de libros y fotocopias. Pero es un sueño frágil, fácil de quebrar. Un sueño que monta en buseta todos los días junto con una fuerza laboral en su mayoría ya cansada o resentida, gente que roba esperanza, que desdibuja sueños fácilmente. El 90% son un sueño escasamente con el pasaje de ida y vuelta en Transmilenio. Un sueño que trasnocha, que lucha por no desfallecer, que transpira asustado sin perder de vista la meta. ¿Acaso saben cuántos sueños entran pagando millonadas y cuántos logran culminar con éxito? ¡Qué injusticia!

Al contrario: al joven, al soñador, al que tiene esperanza, al que tiene más fuerzas, al que todavía sonríe ante la vida y ante todos, a ese se le debe pagar más por su aporte a la vida, a un futuro, se le debe pagar más a esa mirada sin prejuicios, sin presupuestos, sin complejos aún. A ese se le debe pagar más, para que siga adelante, para que siga así por más tiempo, por obedecer sin cuestionar, por su actitud de humildad para aprender, por su sencillez y capacidad para relacionarse con otros trabajadores sin importar su función o posición. A ese es al que hay que incentivar.

En cambio pienso que se le debe comenzar a dejar de incrementar el salario gradualmente, con los años, a los que cumplen más de 50 años, a los amargados porque ya no son tan jóvenes, a los prejuiciosos que necesitan aplastar a sus subalternos para sentirse grandes porque ya la juventud se les ha ido y su presentación personal ya no impresiona a otros. A esos que ya no aportan sonrisas sino miradas de autoritarismo, a esos que ni se les ve porque viven encerrados en sus oficinas sin contacto alguno con los demás porque con solo tener una o un subalterno llamado sudirector o “sub” de cualquier tipo, es suficiente para manejar una empresa. A esos que ni almuerzan en sus oficinas con los compañeros porque no se untan, a esos hay que comenzar a bajarles el sueldo, porque ya han hecho tanto que ya no tienen nada que hacer, ya se inventaron y garantizaron el futuro propio y el de sus descendientes, lo cual es lo que debería lograr cada colombiano. Esos ya no tienen nada que inventar o innovar, sino solo mantener una cantidad de subalternos con un sueldo que no les alcanza siquiera para recuperar su inversión en educación.

Perdón, pero es cierto. Esa es una injusticia del sistema y puede ser corregida. Despues de los 50 o 60 un empresario ya está hecho, ya ha capitalizado, ahorrado, viajado, educado a sus hijos en las mejores universidades, etc. ¿Por qué no pensar en algo inverso? Se me ocurre esa idea y creo que es viable. Es solo cuestión de dejar de ser egoístas y dejar de esperar que existan pobres para hacer grandes donaciones. Es menguar para que las nuevas generaciones prosperen.

Olvidemos a los 20 encapuchados bandoleros de las marchas de miles de estudiantes y quedan esos, esos que acabo de describir. Sean honestos y ayuden a que otros logren lo que unos pocos han logrado con el mismo esfuerzo, honestidad y sacrificios. Ayudar, esa es la palabra, que los que más saben y los más ricos motiven, estimulen, incentiven a los que todavía están forjando un camino. No desanimar, no desalentar.

Si alguien se ha ofendido con lo que he dicho —además de que es algo dicho por alguien que básicamente nunca ha trabajado en empresa alguna, lo que le resta peso a mi escrito— lo siento, no es esa mi intención. Por eso, por lo menos lean entre líneas si quieren y contemplen la posibilidad de hacerlo a la inversa. ¿De verdad no es viable esto que propongo?

Lo mejor del ser humano es la juventud. Hablando de aportes potenciales a un mundo mejor, ¿por qué no invertir en ellos confiándoles una mayor participacion salarial en las empresas, no sueldos que parecen dádivas y que no reconocen las madrugadas, las tranochadas y los trancones estresantes? Salarios que no reconocen lo verracos que son al enfrentar inseguridades, dudas y, sobre todo, reconocer el tiempo, esfuerzo y dinero invertido para aprender un tema y sobre todo por haber escogido ser buenos ciudadanos de este país. Hay que apoyarlos y hacerlos sentir importantes, porque lo son. Ese tipo de medidas lo que parecen son más bien una retaliación a las últimas propuestas de los estudiantes, lo que hace que surjan sentimientos de impotencia e ira entre ellos. Premien pagando salarios dignos de un professional a los que no han decidido delinquir, a los que han decidido prepararse para servir, a los que han decidido trabajar y no vagar. Premiemos a los que todavía creen que sí se puede por el camino correcto.

Ana María Villazón Aponte.

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