Por: Aura Lucía Mera

Mentes de-mentes

Curioso. Por no decir patético. Mientras los titulares de los periódicos más importantes del mundo, como El País de España, el Washington Post y el New York Times, o el secretario de las Naciones Unidas y el presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos apoyan los avances de las negociaciones de paz, y al presidente Santos, en este empeño que pondrá fin a esta tragedia del conflicto armado, y países como Venezuela, Perú, Uruguay, España, Francia y Alemania, para nombrar sólo algunos, están dispuestos a colaborar, aquí en Colombia sucede lo contrario.

Naturalmente el exubérrimo, su clon de paja y el procurador se van lanza en ristre, como vampiros dementes pidiendo más sangre. A título personal pediría al organismo competente, si es que existe, una evaluación psiquiátrica de estos tres personajes que ya han dado más de una manifestación de sufrir de trastornos y desórdenes de personalidad peligrosos para la convivencia ciudadana.

Su eslogan repetitivo es “la impunidad”. En ningún párrafo, renglón, propuesta aparece dicha palabra. Nos olvidamos, tal vez porque es muy doloroso y requiere capacidad de introspección y humildad, de que los orígenes de los alzados en armas tuvieron lugar precisamente por el abandono estatal absoluto de los gobernantes de turno hacia sus campesinos y la irracional inequidad en la distribución de la riqueza en este país.

Nos olvidamos, tal vez porque es muy doloroso recordar y se necesita humildad y capacidad de introspección, de que los crímenes atroces de la Violencia bipartidista, iniciada por los godos y chulavitas con la complicidad de la Iglesia, y que dio comienzo a esta barbarie, con cortes de franela, masacres y toda la sangre que se quiera, después del Pacto de Sitges entre Laureano Gómez y Alberto Lleras que dio por terminada la guerra fratricida y le abrió campo al Frente Nacional que inauguró la corrupción clientelista, quedaron en la más ABSOLUTA IMPUNIDAD...

Jamás un juicio a los cóndores, pájaros, párrocos y chulavitas. Jamás ningún dirigente político que ordenara “a sangre y fuego” limpiar el país de ateos y excomulgados fue siquiera llamado a dar explicaciones... Y seguimos con los herederos de muchos de estos responsables detentando el poder político, como si no hubiera pasado nada.

TODOS tenemos que pedir perdón y a la vez aprender a perdonar. Colombia merece una nueva oportunidad sobre la tierra, para iniciar una vida sin armas, con ideas, con responsabilidad social y con respeto. No perdamos la memoria. Necesitamos saber la verdad.

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