¡Mentira, verdad… y poder!

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Increíble lo que estamos viendo: se derrumba la mentira y asoma su rostro diáfano la verdad. Se agota la simulación y aparece la realidad. Desde que Álvaro Uribe pasó de la condición de acusador a la de acusado en materia de manipulación de testigos, giro que enaltece a la justicia, son varios los cambios de alcance copernicano los que se están produciendo.

Lo más impresionante ha sido dilucidar el entrampamiento montado por Néstor Humberto Martínez contra figuras principales del partido FARC, Santrich y Márquez, dentro de la estrategia de dar al traste con el Acuerdo de Paz. Lo que se sospechaba resultó cierto. La Fiscalía y la DEA se confabularon con premeditación contra la paz: debate adelantado por los Senadores Petro, Sanguino, Barreras y Cepeda.

Un conjunto de consecuencias del memorable debate, unas más inmediatas, otras más estructurales, deberían producirse. Piedad Córdoba en carta a los mencionados disidentes les pregunta con firmeza qué hace falta para que regresen a proseguir construyendo paz (El Tiempo, diciembre 3). Según el Senador Gustavo Petro: “El debate no se olvidará porque demuestra un rasgo histórico en quienes han dirigido el Estado Colombiano en el último siglo: el incumplimiento de los acuerdos y la incapacidad para construir la paz” (Un Pacto Social: la respuesta a un debate, Cuarto de Hora, diciembre 6).

Se avanzaba en el trámite veloz de un nuevo código electoral que cargaba los dados en la Registraduría y Consejo Nacional Electoral a favor de las fuerzas conservaduristas hoy predominantes y hacía de la institucionalidad electoral un paraíso de manejos clientelares, bajo el señuelo de la modernización y tecnificación de los procesos electorales y la pantalla de la cédula informatizada. Enorme la labor esclarecedora adelantada por Armando Novoa en este campo con entrevistas (El Espectador), artículos (Semana), webinar…

Eso ocurría cuando el Senador Iván Cepeda hizo revelaciones asombrosas de numerosas y graves anomalías en el censo electoral que permiten apreciar que el plebiscito por la paz en octubre de 2016, la elección presidencial en mayo-junio de 2018 y la consulta anticorrupción a fines de agosto 2018, fueron ejercicios donde pesó criminalmente la trampa en gran escala.

En los Estados Unidos se reconoce, en un nivel de máxima competencia y responsabilidad, que la estrategia de erradicación forzosa de los cultivos de coca en América Latina es un rotundo fracaso y que solo una vía de acción voluntaria en acuerdo con los campesinos y asegurando economías sustitutivas podría llegar a ser exitosa. Cosa que se plantea claramente en el Acuerdo de Paz que el Gobierno Duque, complaciente con la abusiva presión de Donald Trump, se empeña en desconocer.

Desatendiendo la que considera “paz sin legalidad” que, sin embargo, sigue gozando de amplísimo apoyo en la comunidad internacional y ahora, con Joe Biden, recobra de nuevo el pleno respaldo del gobierno de los Estados Unidos. La administración Duque, tras cierta preocupación por los reincorporados, descuida las reformas sustantivas en materia rural, política y reparación de víctimas, al tiempo que se muestra indolente ante el aterrador exterminio de líderes sociales y excombatientes guerrilleros. Aquí, una vez más, se aparta de las previsiones contenidas en el Acuerdo de Paz y focaliza su discurso exculpatorio en que todo se debe a las incontenibles mafias del narcotráfico.

Patético: los hechos muestran que tiene razón la comunidad internacional cuando reclama coherencia con la paz, tiene razón la oposición cuando fustiga el autismo, el autoritarismo, la corrupción e ilegitimidad del régimen, tiene razón la protesta callejera que exige garantías para la vida (¡otro genocidio está en curso!) y demanda enfoque social para la crisis económica, el desempleo y la desprotección que deja la pandemia, mientras el gobierno y los partidos que lo soportan montan perversamente un sistema de exclusión en todos los órdenes contra opciones sociales y políticas alternativas. Un poder espurio en desespero por reproducirse.

Claro está quedando este fin de 2020 que fraudulento es el poder en ejercicio, no los promotores de la paz, ni la oposición social y política. Se aproxima 2021 que será el año de la verdad y del avance de las fuerzas alternativas unidas. No puede ser que se devele la verdad y siga gobernando la mentira.

Maestros admirados y queridos. El martes 6 de diciembre recibimos la infausta noticia de la partida de Mario Arrubla, quien residía en Amherst, Masachusetts, USA, hace varios años. Le dediqué una columna en 2014.

Otras han aparecido ahora que resaltan su legado académico, literario y político.

El miércoles 9 tuvimos otra infausta noticia, la partida de Francisco Trujillo, extraordinario educador popular de quien su hija Pilar ha escrito una semblanza que igualmente rescata su legado de pensamiento, acción y compromiso con las luchas del pueblo colombiano. Aquí puede verse.

luis.sandoval@gmail.com

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