Por: Andrés Hoyos

Mentiras

UNO DE LOS RASGOS MÁS EXASPErantes de la convulsionada actualidad colombiana es el predominio en ella de la mentira, ya sea en su clásico estado puro o en la más traicionera forma de la verdad a medias.

La guerrilla y los paramilitares son mentirosos profesionales, a tal punto que para poder extraer medio gramo de certeza sobre las escalofriantes actividades que realizan, uno primero tiene que revisar cualquier declaración o comunicado con rigor de exégeta. Sin embargo, también mienten desde hace tiempo el Gobierno y las Fuerzas Armadas. La conclusión que sacan nuestros mentirosos de oficio es que confundir les permite hacer lo que les dé la gana, conclusión a todas luces falsa, ya que la credibilidad del Estado colombiano en el mundo está muy menguada en buena parte por su propensión a mentir.

La semana pasada surgió de la nada una señora de pelo rizado llamada Olga Cecilia Vega que, por si acaso, es hermana de Baruch Vega, mitómano entre mitómanos. Doña Olga Cecilia es una antigua periodista que cubrió la zona de despeje del Caguán para RCN y, por todo preludio creíble, le hizo una entrevista a Raúl Reyes en 2005 para el Nuevo Herald de Miami. Pues bien, la señora declara sin aspavientos haber sido al mismo tiempo agente de la CIA, amiga íntima de Raúl Reyes y mediadora en el secuestro de los gringos que fueron rescatados en la ‘Operación Jaque’. La inteligencia del Ejército, que tiene fotos de ella con Reyes y compañía, la declara ex amante del comandante guerrillero. ¿Certeza de ello? Escasa. Según la dama, lo que ella hizo fue ganarse la confianza del comandante para luego obtener de él una gran cantidad de información confidencial. Dice, por ejemplo, que Reyes sabía que Simón Trinidad corría peligro de ser arrestado en su misión en Quito y que aún así lo envió. O sea que Reyes entregó a su subalterno. ¿Por qué? Porque no se querían. Como decía Gaitán: ¡mamola! Olga también menciona a varios “colegas” envidiosos. ¿Cómo se llaman? No tienen nombre.

Lo único que no está en duda es que la señora tiene listo un libro, titulado Raúl Reyes: si la montaña hablara. ¿Se venderá mucho? A lo mejor. ¿Credibilidad del mismo? Nula. En este mundo de las mentiras lo único inevitable es que siempre salga un libro que va a contar “toda la verdad”. Cómo no.

El problema de la credibilidad se agrava cuando los periodistas dan crédito a todo lo que les dice cualquier fuente. La revista Cambio le otorgó carátula a la entrevista con la señora Vega y puso de título: “La emisaria de la CIA”. Me temo que Cambio no puede tener más que un leve indicio de que ella sí fue emisaria de este publicitado organismo que, por naturaleza, hace todo en secreto y se cuida mucho de divulgar sus pasos. Por si acaso, la historia que la señora cuenta no es verosímil. Asegura que la CIA, sin decir agua va, la contactó y le pidió que intermediara en la negociación del rescate de los gringos secuestrados. O sea que por obra y gracia de su sonrisa, la CIA puso sus tradiciones patas arriba. ¿Raro, no?

¿Dónde está esta madre amenazada de dos hijos? Aunque no se sabe, yo sugiero buscarla en Disneylandia. Eso sí, las supuestas amenazas de que ha sido víctima han motivado a organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y la Fundación para Libertad de Prensa (FLIP) a poner el grito en el cielo. Otros que no investigan antes de gritar.

En todos los casos, amén de fastidiado, el ciudadano siente que lo toman por idiota.

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