Por: Óscar Sevillano

Mercurio en el Amazonas

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) clasificó a Colombia como el tercer país más contaminado del mundo en términos de cantidad de mercurio liberado.

Lo anterior, como consecuencia del uso del mercurio en actividades mineras, especialmente en lo que tiene que ver con la explotación del oro, tema que ha sido de gran preocupación nacional, no solo por la manera en como las empresas legalmente constituidas han utilizado este elemento, sino porque la ilegalidad también ha echado mano de este recurso en zonas selváticas de Colombia, especialmente en el Amazonas.

A la creciente tala y quemas de árboles en esta región del país para ganadería extensiva, con el silencio cómplice de Fedegán, le debemos sumar la presencia de actores dedicados a la minería ilegal que hacen uso del mercurio sobre el cauce de los ríos para la extracción del oro y que, para acomodarse en la zona por unos cuantos días, destruyen el medio ambiente de por vida.

Puede que el Estado haya prohibido el uso del mercurio en la actividad minera (no importa que, como siempre, lo haya hecho tarde). Sin embargo, aunque hay que reconocer la buena intención, lastimosamente debo decir que esto no es más que una de las tantas normas y decretos que se quedan en el papel. Tan es así que hasta el momento no se ha realizado la primera gran incautación de mercurio para estos fines.

Aunque Colombia no permita la utilización de este elemento para este objetivo, países vecinos como Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador sí lo hacen, y basta con que alguien atraviese los ríos fronterizos y en estos territorios compre una pequeña botella con mercurio y retorne a nuestro suelo para continuar con la actividad. En todo caso vale la pena aclarar que la comercialización de este químico en pequeñas cantidades no está restringida, por tanto, no basta con prohibir el uso del mercurio en la minería, si finalmente a este elemento se puede acceder sin ningún problema.

Un informe del PNUD para los países del Bioma Amazónico en América Latina manifiesta su gran preocupación por la creciente exposición del medio ambiente en esta región, especialmente en Colombia, donde la empresa legalmente constituida, junto los grupos ilegales, han utilizado este elemento para la explotación del oro, contaminando los ríos.

En el documento se hace mención a un primer ejercicio piloto llevado a cabo en 2015 que buscaba identificar los impactos a la salud de las actividades mineras en la región Amazónica. En este ejercicio se encontró que alrededor de 150 habitantes de varias comunidades en el río Caquetá, tenían concentraciones promedio de mercurio en el cabello de entre 15.4 y 19.7 g/g (ppm). Incluso en un recién nacido de 2 meses se encontraron niveles de 21 g/g, lo que sugiere que estuvo expuesto al mercurio a través de la lactancia.

De acuerdo con los investigadores, la concentración de mercurio en el cabello en los habitantes del río Caquetá es una función directa del consumo diario de pescado, debido a que este es su principal fuente de alimentación, pero además por el uso del agua que contiene este agente contaminante.

Según la investigación los resultados encontrados en Amazonas son más altos que los encontrados en Quibdó (6,72 ppm), lo mismo que en el Distrito Minero de San Martín de Loba (Bolívar) 2,12 ppm, Ayapel (Córdoba) 2,18 ppm, Caimito (Sucre) 4,91 ppm.

El documento menciona también las consecuencias que este tiene para la salud. Estas pueden variar según la edad. Los síntomas van desde irritación de la piel, fiebre, dolores de cabeza, náuseas, diarrea, fatiga, insomnio, irritabilidad, disminución de la agudeza sensorial, ceguera, problemas renales, pérdida de memoria, temblores, daño cerebral y otros trastornos neurológicos.

Como vemos entonces, la preocupación no puede ser de menor tamaño, porque no solo estamos permitiendo el asesinato de una reserva ambiental mundial como la selva amazónica con la tala  y quema de árboles que promueven los ganaderos ante los ojos de las autoridades locales y nacionales y de Fedegan, sino además, a través de la minería que ha hecho del mercurio su mejor amigo para sus fines económicos, actividad en la que el conflicto armado no podía faltar, por la cual vale la pena preguntarse, si  aparte de obligar a las empresas mineras a cuidar del medio ambiente, en nuestro país se debe ejecutar una reparación ambiental de parte de los grupos armados ilegales  que han firmado y que  firmen la paz.

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