Por: Daniel Emilio Rojas Castro

Merkel y la coalición Jamaica

Angela Merkel reelecta. No es sorprendente. En Alemania la hoja de ruta no se cambia cuando las cosas están saliendo bien.

Tampoco es sorprendente que un canciller federal acceda a un tercer mandato, como lo han insinuado erróneamente algunos analistas. Helmut Kohl, el ‘canciller de la unidad’ que acogió en 1991 a la joven Angela como ministra para la Mujer y la Juventud, permaneció en el poder durante cinco mandatos. Bismarck, el creador del moderno Estado alemán, estuvo casi tres décadas.

La novedad de esta reelección hay que buscarla en el surgimiento de un escenario político improbable, que conjuga el deseo de la canciller de quedarse en el poder, la decisión de la social-democracia (SPD) de permanecer en la oposición y la necesidad de evitar que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) entre al gobierno. El rechazo del SPD a crear una coalición de gobierno junto al conservatismo cristiano encabezado por Merkel (CDU-CSU) creó la posibilidad de establecer por primera vez una coalición nacional entre conservadores, liberales (FDP) y ecologistas (Die Grünnen). De hecho, la ‘coalición Jamaica’ —como se le conoce en la política alemana por los tres colores que forman la bandera nacional jamaiquina (negro por los conservadores, amarillo por los liberales y verde por los ecologistas)— es la única coalición viable para garantizar la gobernabilidad dentro del Parlamento y evitar que la AfD, antieuropea y xenófoba, ingrese al gobierno.

Para Merkel, el primer desafío para formar la mencionada coalición no consiste en convencer a los liberales o a los ecologistas, sino en legitimar la estrategia global de su propio partido (CDU) con las exigencias del conservatismo bávaro (CSU), pues este último ha venido criticando, entre otros puntos, la política de asilo masivo que la canciller puso en marcha en todo el territorio alemán en los últimos años. 

Por eso el sábado pasado, en un discurso frente a las juventudes conservadoras, Merkel recordó a Franz Joseph Strauss, para quien en Alemania «no debía existir ningún partido a la derecha del conservatismo», defendió los logros de su gobierno en materia de inmigración y mencionó que gracias a Alemania Turquía permanecerá por fuera de Europa. Tal parece que esos argumentos convencieron a los bávaros, pues el lunes en la mañana Der Spiegel anunció que ya existía un acuerdo de principio entre Merkel y Horst Seehofer (cabeza del CSU), que consiste en limitar los pedidos de asilo y refugio por razones humanitarias a 200.000 personas por año.

Este primer paso para fortalecer la unión conservadora le permitirá a la canciller negociar en posición de fuerza el resto de los acuerdos que sostendrá la coalición de gobierno con los liberales y los ecologistas en los próximos cuatro años. 

También le permitirá aspirar a un cuarto mandato, e incluso a un quinto —como su padrino político—, pues si la coalición Jamaica funciona una vez, es previsible que funcione dos. Se trata de un escenario difícil de imaginar en el paisaje alemán, pero la versatilidad de Merkel y el imperativo de repeler a la extrema derecha del gobierno no lo hacen inimaginable. Además, como su vecino del otro lado del Rin acaba de demostrarlo, el cambio político siempre es posible, incluso en sociedades tan resistentes al cambio como la alemana o la francesa.

 

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