Por: Mario Fernando Prado

Mermelada y vaselina

Hay que reconocerle al presidente Santos una gran habilidad para mostrar una cara distinta a la que ha venido exhibiendo a lo largo de sus tres años de gobierno.

Cada vez son más frecuentes sus desplazamientos por la geografía del país, labor en la que le está haciendo la segunda su esposa, que es sin duda la joya de la corona.

A pesar de sus metidotas de pata y los interrogantes que se ciernen en torno al éxito de su gestión, Santos tiene en el proceso de paz el as bajo la manga para lograr su reelección. Y a ello le está apostando porque sabe que si no se firma el apetecido documento —sea cual sea— no volverá a oler el solio presidencial.

Santos ha gobernado utilizando la mermelada con la que ha logrado acallar y/o alinear a sus malquerientes. Y es que como sabe que el poder es para poder, la repartiña le ha dado comprometedores resultados por parte de quienes han recibido su maná.

Pero hay otro ingrediente tan meloso como la mermelada, y es la vaselina, que permite, entre otras virtudes, que las cosas entren suavecito, sin dolor y hasta casi imperceptiblemente. Ello es precisamente lo que está haciendo con el proceso de paz, aquel que prometió se iba a firmar en diciembre, aquel al que no se le iba a dar más larga, aquel con el que coronaría el presente año.

Pues ni lo uno ni lo otro. Lo firmado antier, que no es más que un decálogo de buenas intenciones, es tan sólo el segundo de los seis puntos de estas conversaciones que, al paso que vamos, se irán hasta finales de 2014, si es que la paciencia va a alcanzarle al pueblo colombiano.

Así las cosas, tendremos elecciones en medio de las voladuras, los atentados, los secuestros y las muertes, en una especie de chantaje a una población indefensa que en aras de la supuesta paz acudirá a las urnas cual borregos paniquiados.

Y todo esto, repito, nos lo están metiendo con vaselina, que mezclada con la mermelada es la mejor fórmula reeleccionista de Juan Manuel Santos Calderón.

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