Por: Luis Fernando Montoya

Mesura

“La desesperación consiste en figurarse que la vida carece de sentido”: Gilbert Chesterton.

Apenas comienza el segundo torneo del fútbol colombiano y ya se escuchan voces de protesta de algunos directivos y técnicos con respecto a las decisiones de varios árbitros.

Uno como técnico a lo primero que se debe dedicar, después del partido, es a analizar las causas del buen o mal funcionamiento del equipo, para evitar culpar a terceros y más bien aplicarnos con el grupo de trabajo y los jugadores a buscar las posibles soluciones a las dificultades encontradas.

- ¿Qué siente el árbitro cuando el futbolista le cuestiona sus decisiones o intenta apelar sus fallos?

- ¿Por qué en el fútbol profesional el árbitro es el que menos gana?

- ¿Se siente más cómodo el árbitro usando indumentaria colorida en lugar de negra?

- ¿Por qué nadie repara en que el árbitro es también un deportista y que sufre también los embates del estrés?

El árbitro no es policía que solo reprime con el silbato. Un buen árbitro es aquel que se ve lo menos posible, pero que está presente en el momento justo.

Los jueces tienen presiones permanentes, tensiones emocionales como la preocupación, la ansiedad y la inseguridad pueden perjudicar su actuación. Más aún cuando cargan un gran peso sobre sus espaldas, el de saber que van a equivocarse aunque no quieran. Tanto los jugadores como los técnicos y los árbitros merecen una preparación sicológica mayor de la que tienen y de eso deben ocuparse la Dimayor y la Federación Colombiana.

Cuando el fútbol colombiano aprenda que no siempre hay que ganar y la derrota deje de ser un drama, entonces el error del árbitro dejara de magnificarse y de asociarlo cruelmente con oscuros arreglos o mala intención, y se le asociará más con el error que ellos como deportistas también cometen en el juego.

¿Qué hacer?

1. Evitar los técnicos y los directivos dar declaraciones públicas cuando estén calientes.

2. Que los árbitros tengan una mejor remuneración salarial.

3. Que las quejas y/o reclamos se hagan por vía administrativa.

4. Profesionalizar y reglamentar la actividad arbitral.

5. Comprender que el fútbol es un juego y no es la vida o la muerte.

6. Que las sanciones que se apliquen sigan siendo ejemplarizantes.

Desde ya es necesario que unamos fuerzas positivas para que evitemos hechos lamentables como los que ya sucedieron desafortunadamente en la ciudad de Cartagena.

 

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