Por: Alvaro Forero Tascón

¿Meter las Farc a la cárcel o a la democracia?

El proceso de paz no logra sintonizar a los colombianos con la realidad.

Las mayorías parecen querer guerra sin muertos o paz sin sacrificios, sin entender que el proceso de La Habana no es para castigar a las Farc, sino para destruirlas como organización criminal.

Antes se decía que las guerrillas querían conseguir por vía del diálogo la revolución que no habían logrado por las armas. Ahora es la sociedad la que parece estar buscando en La Habana lo que no logró militarmente. La guerra política alrededor del proceso de paz tiene la discusión pública secuestrada por caricaturas y emotividad. No se está haciendo una valoración serena de lo realmente importante: lo que habría que hacer para garantizar que un eventual acuerdo se pueda cumplir cabalmente. El modelo que se están imaginando la mayoría de colombianos es el del proceso con los paramilitares: castigar con cárcel a los cabecillas para desmontar la organización militar. La lógica consiste en que el resultado se consigue por la vía del castigo.

Sin embargo, lo que consiguió desmontar la guerra de las Auc contra la población civil fue la desmovilización de los ejércitos y la entrega de armas. Sin ellas, los cabecillas no podían continuar haciendo la guerra, así estuvieran libres. El encarcelamiento de los cabecillas tuvo un efecto colateral: impidió que respondieran por la creación y el crecimiento de las bandas criminales que sucedieron a las autodefensas. Es decir, el modelo de castigo funciona sólo parcialmente, porque incentivó a los cabecillas no sólo a no colaborar para evitar que sus subalternos montaran nuevas organizaciones criminales, sino a que lo promovieran.

Un acuerdo con las Farc no debe limitarse a desmontar su lucha militar, sino a sacarlas de la ilegalidad. Eso no se logra metiendo a los cabecillas a la cárcel, sino a la democracia. Porque mientras en la cárcel éstos no tienen ninguna obligación de hacer cumplir los acuerdos, en la democracia se vuelve absolutamente necesario para su credibilidad y su sostenibilidad política. Nada castigaría más fuertemente el electorado, que las Farc continuaran ejerciendo la combinación de las formas de lucha. Y nada premiarían más que las Farc mostraran verdaderos esfuerzos porque los acuerdos se cumplieran en los aspectos más difíciles, como abandonar el narcotráfico y la reincorporación integral de los guerrilleros.

¿Por qué se insiste en imitar el proceso con los paramilitares, que tuvo errores tan graves? No se está entendiendo que se requiere el compromiso sostenido de las Farc para que se cumpla un acuerdo de paz. Si no fue posible obligarlos por la vía militar, menos lo sería por la vía de una justicia postiza, porque unos pocos años de cárcel son una burla para reparar el río de sangre de 50 años. Que es la política, por vía de sus premios y castigos, la única que puede apremiar a las Farc a someterse a las reglas de la democracia.

Se requieren condenas a las Farc, además de verdad y reparación, pero la justicia transicional debe usarse para asegurar la paz. Existen procesos de sometimiento y de paz. Los mixtos, como el de los paramilitares, tienen resultados mixtos. Si queremos que el proceso avance no sólo las Farc deben empezar a hablar con realismo.

 

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