Por: Paul Krugman

Meterse con Medicare

Al momento de escribir, parece que está muerto el "Gran Acuerdo" tan esperado por el presidente Barack Obama.

Y yo digo qué alivio. No estoy más ansioso que cualquier otra persona racional (una categoría que no incluye a muchos legisladores republicanos) por ver lo que pasa si no se aumenta el límite del endeudamiento. Sin embargo, lo que el presidente ofrecía al Partido Republicano, especialmente sobre Medicare, era un trato muy malo para Estados Unidos.

Específicamente, según muchos informes, el presidente ofreció tanto la evaluación económica para las prestaciones de Medicare como el aumento en la edad de elegibilidad. Lo primero sería una mala política; lo segundo sería una política terrible.

Lo crucial que hay que recordar cuando hablamos de Medicare es que nuestro objetivo no se define, o al menos no debería definirse, en términos de una cantidad arbitraria. Nuestro objetivo, más bien, debería ser darles a los estadounidenses la atención de la salud que necesitan a un precio que el país puede pagar. Y sacar a los estadounidenses de sesentaitantos años de Medicare antes de acercarnos al objetivo, nos aleja de él.

Medicare, con todas sus fallas, funciona mejor que los seguros médicos privados. Hay menos burocracia y, por tanto, costos administrativos menores a los de los seguros privados. Ha tenido mucho más éxito en el control de costos. Aunque los gastos por derechohabiente en Medicare han aumentado en los últimos 40 años, lo han hecho significativamente menos que las primas de los seguros privados. Y, dado que sistemas del tipo de Medicare en otros países avanzados tienen costos mucho menores que los del sistema estadounidense excepcionalmente privatizado, hay buenas razones para creer que se puede hacer mucho para controlarlos con la reforma de Medicare en el futuro.

En ese caso, se puede preguntar: ¿por qué no simplemente se extendió a Medicare para cubrir a todos con la reforma sanitaria de 2010? La respuesta, claro, es el realismo político. La mayoría de los reformadores sanitarios que conozco habría apoyado a Medicare para todos si lo hubiese considerado políticamente viable. Sin embargo, dado el poder del cabildeo de las aseguradoras y la oposición previsible de muchos políticos a cualquier expansión del gobierno, se conformaron con lo que pensaron que realmente podrían conseguir: cobertura casi universal a través de un sistema de normas y subsidios.

No obstante, una cosa es aceptar al segundo mejor sistema para asegurar a los que actualmente carecen de cobertura. Sacar a millones de estadounidenses de Medicare y lanzarlos a los brazos de las aseguradoras privadas es otra historia.

Asimismo, ¿mencioné que los republicanos están haciendo todo lo que pueden para minar la reforma sanitaria, incluso trataron de debilitarla como parte de las negociaciones sobre la deuda y, es posible que finalmente lo logren? Si lo hacen, muchos de los que perderán la cobertura de Medicare encontrarán que no podrán reemplazarla.

Así que aumentar la edad para Medicare es una idea terrible. La evaluación económica —la reducción de prestaciones para los estadounidenses más adinerados— no es igualmente malo, pero aún así es una mala política.

Es cierto que se podrían reducir los gastos de Medicare al exigir que los estadounidenses con ingresos altos paguen primas más elevadas, copagos mayores, etcétera. Sin embargo, ¿por qué no simplemente aumentar impuestos sobre los ingresos altos? Ello tendría la gran virtud de no agregar otra capa de burocracia al mandatar que Medicare establezca la situación financiera antes de pagar las cuentas médicas.

Sin embargo, se puede decir, aumentar impuestos reduciría los incentivos para trabajar y generar riqueza. Bueno, lo mismo sería con la evaluación financiera: como les encanta señalar a los economistas conservadores en otros contextos —por ejemplo, cuando critican programas como las estampillas para alimentos—, las prestaciones que bajan cuando se incrementan los ingresos aumentan, en efecto, la proporción de impuestos marginales. No importa si el gobierno aumenta los impuestos en 1.000 dólares cuando se incrementa el ingreso o reduce las prestaciones en la misma cantidad; de cualquier forma, reduce la fracción de las ganancias adicionales con las que se queda uno.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre la evaluación financiera para Medicare y el aumento de impuestos? Bueno, los verdaderamente ricos preferirían la primera ya que terminarían sacrificando lo mismo que los meramente acomodados. Sin embargo, todos los demás deberían preferir una solución basada en los impuestos.

Así que, ¿por qué el presidente abraza estas ideas de mala política? En un artículo de próxima aparición en The New York Review of Books, la veterana periodista Elizabeth Drew sugiere que los integrantes del equipo político de la Casa Blanca vieron a las elecciones de 2010 como un referendo sobre el gasto gubernamental y creen que reducir el gasto es la forma de ganar el año entrante.

De ser así, respetuosamente sugeriría que están locos. ¿Se recuerdan los paneles de la muerte? El arma política más potente del Partido Republicano el año pasado —el arma que causó un cambio enorme en los votos de los estadounidenses de mayor edad— fue decir que Obama estaba reduciendo a Medicare. ¿Por qué darles a los republicanos la oportunidad de hacer todo eso otra vez?

Claro que es posible que la razón por la que el presidente ofrece debilitar Medicare es que cree genuinamente que sería una buena idea. Y esa posibilidad, debo decirlo, es lo que me asusta de verdad.

 

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