Por: Luis Carvajal Basto

Metro: una consulta indispensable

Llama la atención, por encima de circunstancias que ameritarían la revisión del proceso, la indiferencia ciudadana y la escasa información de que dispone sobre  esta nueva versión del proyecto más importante que emprenderá  el país. Alcalde y gobierno nacional deben renovar el querer ciudadano por el metro, aunque no se trate de un deber legal si no ético y moral. La tecnología puede ayudar.

La advertencia realizada por un grupo de concejales  de diferentes partidos, a días de la aprobación por el concejo de unas vigencias futuras  superiores a seis billones de pesos, ilustra  la situación al señalar que: “la publicación de la totalidad de los productos de estructuración técnica, legal y financiera de la primera línea de metro de Bogotá constituye un acto mínimo de transparencia, honestidad y responsabilidad con la ciudadanía”.

El concejo es un escenario político y politiquero, debiéndose tomar esa advertencia  con beneficio de inventario. También sabemos que el alcalde cuenta con una fuerte oposición iniciada aún antes de su posesión,  manteniéndole al borde de una revocatoria que no mejoraría la situación, lo que a la vez es consecuencia de su triunfo con una minoría  del 33 % en ausencia de una elección a dos vueltas. Además,  existen circunstancias  que invitarían, y no solo por el tamaño del proyecto, a ser más cuidadosos.

La primera de ellas es la manera como repentinamente se cambió el estudio realizado a un altísimo costo por la administración anterior por uno que la ciudad, y no solo el concejo, no conoce a cabalidad. Sabemos que tendremos un metro mayormente elevado;  que ya no termina en la 127  sino en la 72 y que ya no arranca en Bosa si no en el portal de las Américas. El único argumento de peso que hemos escuchado para justificarlo es el efecto en los costos de la devaluación.

La ciudad y el país han conocido, en cambio, la manera como la corrupción se ha enquistado en la gestión pública: no podemos olvidar que, antes de Odebretch,  el carrusel tuvo como principal escenario a Bogotá donde contralores, personeros, concejales  y alcaldes han terminado involucrados en el asunto. ¿Han cambiado  las condiciones desde entonces hasta ahora? Al menos las reglas de juego  para elegir alcalde no, ni la manera como se construyen las coaliciones  que conforman mayorías y definen a los entes de control en el concejo. Haciendo “lo mismo” es difícil esperar resultados distintos.

Paradoja bogotana: ¿En qué momento el alcalde Peñalosa, reputado por su conocimiento en asuntos urbanos, pasó de ser el principal opositor al más importante promotor y ejecutor de la iniciativa? Hace pocos años el hoy alcalde, en declaraciones a El Espectador (ver aquí) señalaba que "El gobierno distrital se está desperdiciando en temas como el metro, que hace lo mismo que el Transmilenio pero cuesta más, cuando hay graves situaciones como la de seguridad y espacio público". Vale recordar que entonces el problema de movilidad no era tan grave y Transmilenio, cuyos buses hoy son más viejos, funcionaba “mejor”.

Los bogotanos requerimos mejoras importantes en materia de movilidad. La “desesperación” generada por los trancones llevó al palacio Lievano a dos alcaldes que prometieron hacernos un metro solo para que terminara desarrollándolo su más ferviente opositor. Pero el mismo Peñalosa, modelo 2014 y anteriores, nos advirtió sobre sus limitaciones, inconveniencia y exagerados costos.

Bogotá y la Nación van a quedar hipotecadas. Lo menos que se puede pedir es mayor y mejor ilustración sobre el proyecto en que nos estamos embarcando, y, sobre todo, mayor participación de la ciudadanía en una decisión tan importante. Hoy, con un esquema de gobierno abierto como el que tratamos de desarrollar, fundamentado en principios de gobierno y economía digital, no sería  difícil ni costoso refrescar el mandato metro preguntando a los bogotanos, quienes, de acuerdo a un estudio publicado por Mintic, tienen ya 90 terminales por cada 100 habitantes y 7.5 millones de equipos, mediante una consulta en línea, si están conscientes y aprueban este nuevo metro de este nuevo Peñalosa, y si están dispuestos a pagar una cifra, aún sin Odebretch y carrusel conocido, difícil de precisar.

@herejesyluis

Posdata: Con la tecnología; dotación de recursos y aplicaciones de que disponemos hoy es increíble que, consecuencia de la desactualización legal en que vivimos, una consulta para elegir un candidato cueste 80.000 millones, o que se pretenda  evadir el derecho constitucional a las consultas mineras argumentando falta de recursos. En el siglo 21 funcionamos con leyes y mecanismos del 19.Un par de aplicaciones, debidamente regladas mediante Ley, resolvería el asunto de manera económica. ¿Será que la revolución digital en Colombia solo se puede utilizar para pedir taxis y hacer mercado?

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