Por: A Mí También

Mi abuelo me acorraló y manoseó - #AMíTambién

Por Juan Carlos Rincón Escalante y Viviana Bohórquez Monsalve
@lasigualadas

Era la noche del 31 de diciembre del 2017. Francisca vio que su abuelo estaba en su habitación intentando limpiar una gaseosa que había regado en el suelo. Conmovida, fue por unos pañuelos y luego al cuarto, para ayudarlo. No esperaba que nada malo ocurriera, no tenía motivos.

“Mientras lo ayudaba, el momento se puso muy incómodo porque mi abuelo empezó a mirarme el cuerpo de manera rara”, cuenta. “Pero, claro, no quise pensar nada mal. ‘Es mi abuelo, no me va a hacer daño’, me dije”. Aun así, la situación no cesó.

“Cuando terminé de limpiar, me acorraló y empezó a decirme cosas. ‘Estás muy linda’, recuerdo que me dijo. También me dijo que mi novio debía vivir feliz conmigo, y me pidió que lo dejara verme ‘de manera más sexy’”.

Ella no entendía lo que ocurría y se empezó a sentir culpable. “Además de estar aterrorizada”, dice, “sentí vergüenza por la manera en la que estaba vestida. Empecé a temblar y él aprovechó para manosearme los senos. Yo sólo intentaba cubrirme y esperaba que no me hiciera nada más”.

Cuando pudo zafarse, salió del cuarto en estado de shock. No podía creer que eso le estuviera pasando. Tampoco entendía cómo su abuelo, a quien veía todos los días, con quien vivía en el mismo lugar, hubiera abusado sexualmente de ella.

Regresó a donde estaban el resto de sus familiares y se sentó a mirar un punto fijo. Su abuelo también se unió a la celebración y no dejaba de mirarla, lo que la hacía temblar. Entonces Francisca se fue de la fiesta, lo que hizo que toda su familia se diera cuenta de que algo había ocurrido.

“Pedí hablar con mi mamá porque mis dos primas de cinco años estaban en ese lugar y no quería que les pasara algo igual que a mí. Aunque todos se enteraron de lo que había pasado y dijeron que me apoyaban, la realidad era que me juzgaban. Me decían que tenía que vestirme mejor, que la ropa que uso provoca muchísimo”.

Desde entonces, no ha querido volver a hablar del tema con nadie. Pero sigue viendo a su abuelo todos los días y siente un temor constante. “Me he alejado de los hombres que me rodean porque me da miedo que ocurra algo parecido a lo de mi abuelo. No quiero que me vean con otros ojos e intenten tocarme como él lo hizo”.

***

Francisca tuvo el coraje de contar todo lo ocurrido a su familia, pero se sintió juzgada. El único cuestionado debió ser él. La familia es sinónimo de confianza y seguridad, pero en muchas ocasiones ese ambiente se vuelve propicio para el abuso con la complicidad silenciosa del entorno.

Los abusos sexuales en la familia tienen el agravante de que no son posibles de explicar racionalmente. Las víctimas van a tener más preguntas que respuestas. Pero, para no incomodar o seguir incomodando, no se denuncia en la mayoría de los casos.

Es muy importante hablar y narrar el dolor del abuso en la familia. Sentir solidaridad, para algún día recuperar ese espacio. De lo contrario, el trauma es un fantasma que puede acompañar por muchos años.

* Francisca es un seudónimo y, por petición suya, los nombres de los involucrados fueron omitidos.

Si quieres enviarle un mensaje a Francisca, escríbenos a amitambienelespectador@gmail.com.

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La ilustración fue realizada por La Ché, síguela en Instagram.  

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